sábado, 26 de mayo de 2012

Hubo un lugar en el que encontré la segunda parte de mi vida


Hubo un lugar en el que encontré la segunda parte de mi vida, anclada en el pasado más presente. El entorno, festoneado de ramas y hojas secas, amortiguaba la poca luz que se dejaba ver entre los visillos.

A medida que desmontaba, desatornillaba y colocaba las maderas, cierres, pomos y cristaleras, una extraña sensación se iba apoderando de mi, descalzo pisando fuerte con violencia contenida el suelo, recogía todos los sentimientos, que quedaron esparcidos por allí en el pasado.

Esa vida que había dejado incompleta estaba siendo cerrada, completada, devolviéndome a mí a su actor principal, hoy actor de reparto, el sitio que debía ocupar. Al cerrar el pasado más presente, escuche mientras cerraba la puerta y daba dos vueltas a la llave un susurro apagado, “hubo un lugar en el que has cerrado el presente más pasado de tu vida”.
Joaquín Vidal 5/2012

viernes, 11 de mayo de 2012

La cuarta pared

Estas son las cosas que ve, siente o sueña mi amigo y compañero Joaquín.

Salen de su ser pensamientos llenos de vida, de pasión, pensamientos con alma....como los que expresa aquí.

Tiene el don de darle vida a las palabras en cualquier momento y hacerlas materiales allá donde esta, incluso sentado en una terraza de cualquier bar, en una servilleta de papel, a cambio solo de una sonrisa.

Gracias por tenerme presente en tus pensamientos y dejarme formar parte de ellos, nunca dejes de escribir.




Para vivir, vivir. Sentir y soñar es un paso previo e indispensable.

Mas que salir de mi, viajan por el aire, millones de sentimientos, susurros, gritos y deseos de las personas con las que te cruzas en la vida, solo tienes que escuchar y plasmarlo en un papel. A veces los gritos sin sonidos aparentes son tan fuertes que escribes y escribes.

No hay lugar ni un tiempo para escribir. La sonrisa, la sorpresa te sorprende, pero lo que me aterra a veces, es la necesidad que tiene el lector de recibir este bálsamo escrito y me siento reconfortado pensando que su lectura, ávida en ese momento, se convertirá en medicina mientras las letras se mantengan en el papel, aunque pasen siglos.

Cuando has saltado, reído, llorado, sentido, soñado, arrastrado por el suelo, pasado frio, calor, besado, tocado, cuando todas estas cosas han pasado frente a la cuarta pared, yo me pregunto, ¿alguien tiene que pedir permiso a alguien para algo?.


Joaquín Vidal Mayo 2012