jueves, 22 de noviembre de 2012

Cuanto me acuerdo de ti, de vosotros

De ti, me acuerdo, de veinticuatro horas que tiene el día, yo me acuerdo veintiséis.
Imagino que habrá ocurrido lo mismo que ocurrió en los años cincuenta, tú te marchabas primero Pepe.

Se separaban en la estación de tren. Maruja se quedo en el andén, llorando, mientras el bramido metálico del tren mezclado con el hollin del humo de su chimenea ensuciaba sus mejillas. Ella con el dolor en su corazón no pudo impedir que te marcharas, ibas en busca de una vida mejor, hacía lo desconocido, solo, dispuesto a comerte la vida a bocados grandes, esperando también tú, con lágrimas en tus ojos que os reunierais pronto. Meses después, el sol en sus vidas salió, Maruja, con sus tres hijos llego a Madrid, por fin se reunieron, las lagrimas volvieron a brotar, esta vez en sus corazones juntos para siempre,sin penas, solo ganas de vivir, de estar juntos, de amor y miles de proyectos.

Hace ocho años. Habían pasado cincuenta mal contados. No había trenes, humos, ni estaciones, había muchas lágrimas, multiplicadas por mil, las de Maruja, que despedian a Pepe en una fría mañana con sus hijas, hijos y nietos al lado, en un Madrid, que los dos habían hecho habitable, nido de amor y convertido en tierra de futuro para toda la familia. Ahora lo despedía en su último viaje, dejando un vacio en sus corazones y especialmente en el de Maruja. La historia se repetía, os separabais sin quererlo. Maruja, desde ese día, vivió en Madrid, con tu recuerdo, llegaron los biznietos, pasaron los días y hace unas horas, Maruja, te has encontrado en la estación, te marchas con dolor, nos dejas aquí, pero en tus ojos se percibe una nube de alegría, Pepe te espera en el destino, como hace años, sabes que está en la estación de llegada, que esta vez sabes que nunca más te vas a tener que despedir, que siempre estaréis juntos, para toda la eternidad
Este humilde espectador de vuestra grandiosa historia solo ha podido disfrutar unos años de vuestra compañía, y siempre os echare de menos. Descansar en paz.

Joaquín Vidal