Son las ocho de la mañana, acabo de levantarme. A pesar de hacer un día claro y que se adivina caluroso, me encuentro como tembloroso, despegado, fuera de lugar. Voy caminando al trabajo, un privilegio de vivir en mi barrio de siempre y en Sevilla.
Antes de llegar a la oficina voy a parar en el bar que paro todas las mañanas desde hace ocho años, conozco a todo el mundo, ha cambiado el dueño una vez pero los camareros son los mismos. Mi tostadita con aceite y jamón con café, no me la quita nadie.
Ya diviso el bar, me faltan apenas doscientos metros, me imagino en la barra a Julio y a Diego, inseparables parroquianos del mismo establecimiento, mientras pienso esto, estoy pegado al suelo, los acontecimientos que han pasado en el último mes, han sido demasiado, me han superado, no se si podré llevar una vida normal.
Arrastro mi cuerpo, y entro en el bar armado de valor, hola diego, Julio, ¿Cómo estais?, me contestan con un gesto. A los pocos minutos tengo mi humeante café delante, con mi correspondiente tostada. Reina un silencio en el bar, desacostumbrado, los tres amigos y dos clientes que estamos desayunando no hablamos, los cinco y los dos camareros, estamos en silencio, parece haber reventado una bomba y que nos ha dejado sordos.
Han pasado tres minutos cuarenta segundos, de pronto Julio, empieza a temblar, su cuerpo se convulsiona, de pronto un grito aterrador sale de su garganta, ¡No puedo masssss! empieza a llorar de manera convulsa. No se de que hablar, la liga de futbol termino ayer, no tengo de que hablar, por favor, dijo mirando a los amigos, ¿de que podemos hablar? , Diego y yo nos encogimos de hombros, miramos a los camareros, estaban aterrados, nadie sabía de que hablar. Salimos corriendo del local.
Han pasado dos meses, no he vuelto al bar, me he comprado un MP3 en los chinos, ¡ no funciona!, pero con los cables en los oídos, no tengo que hablar con nadie. Dentro de tres semanas empieza la liga, estoy deseando.
Joaquín Vidal
He querido volcar en esta ventana, lo que escribo. Ni estan todos los que son, ni son todos los que estan, pero poco a poco ire recopilando y publicando.
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lunes, 11 de enero de 2010
domingo, 10 de enero de 2010
Cadenas
Hace rato que estoy despierta. A estas alturas no sé si he dormido siquiera. El ruido del agua en la ducha, suena amortiguado después de resbalar por su cuerpo, cuantas horas lo he deseado, abrazado, besado. Que repugnancia siento ahora al pensarlo.
La maleta en el altillo del ropero, descansa desde hace semanas, con un poco de ropa, algunos recuerdos, una estampa de la Virgen del Carmen y un olor apolillado, a sitio cerrado. No me atrevo a tomar la decisión. Soy cobarde, pienso a veces. Aunque para aguantar lo que yo he aguantado, ni la infantería de marina. En la televisión lo veo cientos de veces, un escalofrío recorre mi cuerpo. Esta casa, a los dos, nos ha costado mucho esfuerzo, han sido años de dura lucha, años de privaciones, de ilusiones, de desencantos, aunque hace tiempo que la indiferencia, se instaló en nuestras vidas.
La indiferencia, aunque eso, ha envuelto mi alma como en papel transparente, dejando pasar la luz, pero ningún otro sentimiento. Hubiera llegado a agradecerlo, solo indiferencia, respeto, como un cuadro que compras, de poco valor que lo tienes en la cabecera de la cama, que hace bonito, pero nada más.
Después de leer esta líneas, te preguntaras, sobre que escribo, que quiero decirte.
Esta mañana, he recibido tu correo, me has pedido una firma, para una buena causa, ya lo conseguimos una vez, paramos la lapidación de un ser humano, una mujer.
Viendo los acontecimientos que a diario salen en las televisiones. Día a día en cualquier país, se “lapida” a una mujer. Te aseguro, que no he tirado ninguna piedra. Mi vecina de enfrente, tampoco, la conozco. Tu, sé que no.
Os aseguro, que mi pareja, no empezó a darme puñetazos en la espalda, a humillarme, a tirarme de los pelos y golpearme con una toalla húmeda, para que los golpes no dejen marca. La tortura, fue paulatina, como una guerra sorda. Había días que me golpeaba con saña, otros me pedían perdón, llorando de arrepentimiento. Yo tonta de mí, lo creía y lo perdonaba. A los pocos días volvía a la carga, si cabe más violento. Así hemos llegado hasta hoy, me siento como un cerdo en el matadero. Todo hemos presenciado, en una cena, en una fiesta de amigos, como un hombre lapidaba moral y a veces físicamente a una mujer, con una frase, con un gesto, las menos en publico, con un golpe. En ese momento, debimos firmar un documento, allí mismo, en apoyo a la victima, no a la lapidación.
En fin, me siento bien firmando, mañana veré en la televisión que la presión internacional ha conseguido parar la ejecución de esa mujer, todos nos sentiremos bien, lo hemos conseguido, pensaremos. La próxima noticia; otra mujer ha muerto en España asesinada por su pareja, victima de la violencia domestica, y van treinta, cuarenta asesinatos en lo que va de año. Os pido, que mandéis email a Estados Unidos, a Alemania, lejos de aquí, por favor que paren mi ejecución, aunque no sea a pedradas, este año a mí, o a otra mujer nos van a ejecutar.
La maleta en el altillo del ropero, descansa desde hace semanas, con un poco de ropa, algunos recuerdos, una estampa de la Virgen del Carmen y un olor apolillado, a sitio cerrado. No me atrevo a tomar la decisión. Soy cobarde, pienso a veces. Aunque para aguantar lo que yo he aguantado, ni la infantería de marina. En la televisión lo veo cientos de veces, un escalofrío recorre mi cuerpo. Esta casa, a los dos, nos ha costado mucho esfuerzo, han sido años de dura lucha, años de privaciones, de ilusiones, de desencantos, aunque hace tiempo que la indiferencia, se instaló en nuestras vidas.
La indiferencia, aunque eso, ha envuelto mi alma como en papel transparente, dejando pasar la luz, pero ningún otro sentimiento. Hubiera llegado a agradecerlo, solo indiferencia, respeto, como un cuadro que compras, de poco valor que lo tienes en la cabecera de la cama, que hace bonito, pero nada más.
Después de leer esta líneas, te preguntaras, sobre que escribo, que quiero decirte.
Esta mañana, he recibido tu correo, me has pedido una firma, para una buena causa, ya lo conseguimos una vez, paramos la lapidación de un ser humano, una mujer.
Viendo los acontecimientos que a diario salen en las televisiones. Día a día en cualquier país, se “lapida” a una mujer. Te aseguro, que no he tirado ninguna piedra. Mi vecina de enfrente, tampoco, la conozco. Tu, sé que no.
Os aseguro, que mi pareja, no empezó a darme puñetazos en la espalda, a humillarme, a tirarme de los pelos y golpearme con una toalla húmeda, para que los golpes no dejen marca. La tortura, fue paulatina, como una guerra sorda. Había días que me golpeaba con saña, otros me pedían perdón, llorando de arrepentimiento. Yo tonta de mí, lo creía y lo perdonaba. A los pocos días volvía a la carga, si cabe más violento. Así hemos llegado hasta hoy, me siento como un cerdo en el matadero. Todo hemos presenciado, en una cena, en una fiesta de amigos, como un hombre lapidaba moral y a veces físicamente a una mujer, con una frase, con un gesto, las menos en publico, con un golpe. En ese momento, debimos firmar un documento, allí mismo, en apoyo a la victima, no a la lapidación.
En fin, me siento bien firmando, mañana veré en la televisión que la presión internacional ha conseguido parar la ejecución de esa mujer, todos nos sentiremos bien, lo hemos conseguido, pensaremos. La próxima noticia; otra mujer ha muerto en España asesinada por su pareja, victima de la violencia domestica, y van treinta, cuarenta asesinatos en lo que va de año. Os pido, que mandéis email a Estados Unidos, a Alemania, lejos de aquí, por favor que paren mi ejecución, aunque no sea a pedradas, este año a mí, o a otra mujer nos van a ejecutar.
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