lunes, 4 de julio de 2011

Me pregunto quien hizo la foto

Tengo que salir un rato, cruzar la plaza y sentarme en el bar de Manolo. Todos los acontecimientos de hoy, me tienen machacada.
Loli, sin siquiera despedirse, cruzo el pasillo, en su mano dos billetes de 20 euros bien apretados. La gente que espera en el descansillo de la escalera le hace sitio, ella, tambaleándose y con la otra mano libre, agarrándose los dos últimos botones de la bata. En los pies unas zapatillas de tela, coronadas con una pelusa rosa fuerte. Baja los escalones como puede. En la puerta de la calle, pequeños grupos reunidos, murmurando; le da igual, hace muchos meses que decidió dejar salir a la verdadera Loli.
Se ha bebido los restos de la ginebra que le sobró de anoche. Totalmente alcoholizada, camina con paso inseguro por la plaza en dirección al bar, de pronto, se le acerca un chico joven, - Oiga por favor, ¿nos puede hacer una foto? Loli, hace un esfuerzo por girar la cabeza e identificar el lugar de donde le hablan. – Mmmm ¿una foto? Un chico joven de unos 30 años le tendía la mano con la cámara. Detrás un grupo de unas doce personas, se posicionaban en el pórtico de la iglesia. Los más jóvenes ocupando el escalón más bajo. Loli, con mano temblorosa y armándose de valor, se acercó la cámara a la cara y disparó. Le devolvió la cámara al joven que se la dio y sin siquiera mirar atrás cruzó rápidamente la plaza y se metió en el bar de Manolo.
-Manolo, ponme un copazo- dijo Loli, -¿un copazo?- le respondió el camarero. Loli se irritó, más por la voz extraña que había pronunciado esas palabras, que por la tardanza en poner la copa. En ese momento un fuerte dolor le atravesó la cabeza, solo quería su copa, beber y beber, no hablar, quería alguien en la barra que le pusiera copa tras copa, en silencio. La que hablaría sería ella. - Ponme una copa de ginebra y deja la botella a mano y me vas sirviendo cuando veas que el vaso está vacío- y lo más importante, siguió Loli, - en silencio, no quiero preguntas- y diciéndole esto le arrojó los dos billetes arrugados que tenía en su mano.
Cuando se había bebido el primer vaso, empezó a relatar una letanía. Muchacho, tu no me conoces, esta Loli, no siempre ha sido así. Ahora, estoy aquí, soy un resto del naufragio de Benito, mi marido, si mi marido, bueno no estamos casados, pero como si lo estuviéramos. Diez años llevo con él, diez años que me han parecido toda una vida, aunque si te soy sincera, desde hace tres, si tres años, desde que… - en ese momento se bebió de golpe el vaso de ginebra y se puso a llorar desconsoladamente- maldito cabrón. Hace diez años, yo, la Loli, era una mujer deseada por todos, tenía una carrera, una vida, decenas de hombres tras mis pasos, dinero, fama, coches, jajajjaj, pero una noche, cuando el Real Betis Balompié ganó la Copa del Rey, me invitaron al palco del Estadio, si esa noche estaba yo allí.
Al principio, no me fijé en el, era un camarero más del catering, pero su porte distinguido, sus modales, sus maneras, no sé qué historia me contó entre canapé y copa, lo cierto es que terminamos follando como locos en el servicio Vip del palco. Ese polvo siguió a otro, en otro sitio otro día y al final se me metió en la sangre y a partir de ahí fue como una droga para mí. Lo que sigue, es la historia de la vida misma, el alcohol y la droga fue sustituyendo al sexo, sus maneras, sus buenos modales, dejaron paso a los insultos y a la indiferencia. Ahora dice que lo que nos diferencia es su linaje, que es vizconde jajajajaj. Al decir esto Loli, tiró la botella, cayendo al suelo pesadamente.


Joaquin Vidal- Julio 2011