lunes, 21 de noviembre de 2011

Sevilla La Roja

El coche avanzaba lentamente por las calles de la ciudad. El calor era insoportable aquel 15 de Julio de 1936. Don Gonzalo, medio tapado por la cortinilla lateral del vehículo, le daba vueltas a su plan. Varios comandantes y capitanes de la II Región Militar estaban dispuestos a secundarlo. No había sido fácil, cuando los conspiradores se enteraron de quien iba a dirigir la sublevación se quedaron estupefactos. No podía ser un general con la fama de Queipo de Llano, daría al traste con la operación. Mientras pensaba esto miraba disimuladamente por la ventanilla. La Sevilla de 1936 era una ciudad tomada por los sindicatos, huelgas, asesinatos, enfrentamientos con Falange todos los días, esto se tenía que acabar. El asesinato en Madrid de Calvo Sotelo hacía dos días había acelerado los planes de los golpistas. Se bajó disimuladamente del vehículo, el chofer lo dejó a unos quinientos metros del hotel Don Simón. De momento vestía de paisano para no llamar la atención, el gobierno no debería saber que estaba en Sevilla, se dirigió al hotel, de pronto un escalofrío le recorrió el cuerpo, enfrente había dos individuos, no podía ser, la providencia se lo había puesto delante, tenía a pocos metros a un indeseable de izquierdas, alguien a quien la derecha no podía ver, le había ganado cinco elecciones desde el año 31, Alfonso Guerra un dirigente del PSOE. Al pronunciar el nombre se palpó la pistola que llevaba en el bolsillo una idea le corrió por la cabeza, se acercaría y sin mediar palabra le daría dos tiros, era su oportunidad, al cuerno con el Alzamiento. Sin pensarlo dos veces cruzó la calle de dos zancadas y oyó que lo llamaban, ¡abuelo, abuelo! Que pasa ¿te has quedado dormido? Venga despierta. En ese momento Julio abrió los ojos, que mal sueño, claro el plato de puchero lleno hasta los bordes le había hecho caer en un sueño muy pesado. Dios mío, que pesadilla, había tenido, tanto leer, tanto leer. Abuelo, le dijo su sobrino, - venga que tenemos que votar, al final vas a votar otra vez al PP ¿no?, - pero tú no te enteras que a Alfonso Guerra en Sevilla no le ganáis ni aunque esté durmiendo. Anda vamos-. Julio, refunfuñaba mientras se ponía el abrigo, -niño para que me has despertado, con lo cerca que lo tenía. Joaquín Vidal 23 de noviembre de 2011