lunes, 9 de julio de 2012

Llevo años siguiendo los senderos, viviendo al día, con las estrellas como techo de mis sueños.
En los arroyos sin presencia humana, he bebido siete veces durante los días que he querido. Recuerdo las pocas ocasiones que nos hemos visto. Siempre he esperado con disimulada timidez, las cenas de Navidad, donde solías salir al jardín, unido por un camino de hojas secas al bosque que yo presentía inexplorado. ¿Pensaste alguna vez, cruzar ese camino de hojas secas? Para mí esas noches siempre eran inolvidables, solo con rozar tu pelo, besar tus mejillas en los saludos y despedidas, oler tu perfume, calmaba mis ansias retenidas durante un año. Todos los años preparaba un pequeño discurso, intentando soltarlo a bocajarro cuando estuviera un solo segundo a solas contigo. Después, frente a ti, mi boca se secaba, la lengua se convertía en un pesado corcho inmóvil. A esperar otro año, sin salir de la ciudad, no quiero pasear si no es contigo por el bosque inexplorado.

Joaquín Vidal 7/2012