viernes, 27 de septiembre de 2013

El emigrante


 

Incomodo en la cama, de madrugada, sin poder conciliar el sueño. Marisa a su lado dormida aparentemente, nerviosa pero sabe disimularlo. Juan no puede dormir, quiere volver, no de espíritu que hace años que lo ha hecho, estar entre los suyos en su tierra, que Marisa vuelva, con los suyos, con él, lo dejo todo para seguirlo. Frio, oscuro, diferente, ese país que lo acogió, ahora, no es más que un mal sueño del que desea despertar.

Es su último día, con la canción de Juanito Valderrama en la radio, no puede evitar llorar, su sueño se va a cumplir, volver, volver no quiere oír hablar a los malos agoreros, que saben ellos. Con la ventanilla abierta, entrando la lluvia grita, quiero volver, voy a volver, voy a vivir, me lo debe, esta vida me lo debe.

La lluvia golpeaba rítmicamente sus ojos y no pudo ver el coche que a gran velocidad se echaba encima, el golpe fue terrible……; se despertó de repente con la voz del piloto, “señores pasajeros, dentro de pocos minutos vamos a aterrizar en el aeropuerto de Sevilla, la temperatura es de 45º y el cielo está despejado, esperamos que el vuelo con nuestra compañía haya sido agradable”. Marisa y el cogidos de la mano, impacientes por empezar, por comenzar una nueva vida, por seguir una historia de amor nacida en su tierra, que con mimos han cuidado en tierras extranjeras, deseando un día volver y no comenzar, sino seguir viviendo esa historia, no donde las circunstancia le obligaron, sino donde ellos lo elijan.

Esta historia, es un homenaje a tantos emigrantes, pero especialmente a vosotros

 

Joaquín Vidal

27/09/2013