sábado, 30 de enero de 2010

Habla conmigo

Esta historia imaginaria, es reflejo de la manera que nos comunicamos hoy, una parte de la sociedad actual





El tren AVE, que gran invento, desde su implantación en este país, con motivo de la Expo 92 de Sevilla, ha ido mejorando año tras año.

Julia, viajaba desde Barcelona directo a Sevilla, en la estación, la esperaba su tía; su padre, se incorporaría más tarde, Julia, aporreaba rápidamente las teclas de su mini- ordenador, sentada en un asiento individual dentro del vagón. En sus orejas dos auriculares In-ear conectaban su MP4, el viaje duraba cinco horas, había salido desde la estación de Sants en Barcelona a las 9h y llegaría sobre las 14,15h.

Una camarera, se acercó y le dejó el folleto del menú en la pequeña mesa, esta era una de las ventajas de viajar en preferente, te atendían especialmente ¿vas a tomar algo del menú? Julia, no reparó en su presencia hasta pasado unos segundos, movió la cabeza negativamente y le dijo ¡! Boy a tomr un bcdilo!! ¿Perdona? le pregunto la azafata, Julia, apartó unos segundos la mirada de su minipantalla y le hizo con ademanes su petición, la azafata amago una sonrisa y se alejo, pensando, esta juventud está perdiendo el habito de hablar, con tanta tecnología.

Julia, se comió su bocata mientras escribía, tenía una velocidad increíble, producto de las largas horas que pasaba en Internet, con las redes sociales y programas de Chat, con solo quince años, había llegado un momento en que su relación con las demás personas, las prefería a través de su ordenador, del que no se separaba ni para dormir, algunas noches, se había desvelado y sin que su madre se enterara, se había conectado. Cuando le daban alguna razón, ella contestaba; envíame un email, incluso cuando iba a casa de las amigas, la diversión consistía en conectarse al ordenador o chatear a través del móvil.

Cuando llevaba tres horas de viaje aproximadamente, el tren se detuvo en Madrid, en el andén le llamo la atención un chico joven que por equipaje, solo llevaba una funda negra de guitarra, el joven iba en su mismo vagón, se sentó en el asiento del otro lado del pasillo, ella, siguió con su ordenador, mientras el tren arrancaba.

En un momento él le dijo ¿vas a Sevilla? Julia asintió con la cabeza y siguió con lo suyo, sin querer darle continuidad a la conversación, Asier, que así se llamaba el muchacho, continuó hablando en voz alta, en un momento se volvió a Julia otra vez y le dijo, cuéntame un sueño, ella levanto la vista del ordenador mientras se quitaba un auricular ¡cuéntame un sueño! volvió a decirle, me llamo Asier, tú me cuentas un sueño, alguna cosa con la que hayas soñado, yo te escribo tu sueño y te lo llevas en tu maletín, Julia, estaba sorprendida ¿un sueño, a un desconocido? le dijo Julia, Asier, esbozó una sonrisa, por eso mismo dijo, soy un desconocido, nunca más volverás a verme, porqué no contarle algo a alguien que no vas a volver a ver, a un desconocido, un desconocido que al bajar del tren se perderá entre la multitud y se llevará uno de tus sueños. Si no se cumple, lo olvidaras, pero si se llega a cumplir, siempre te acordarás de mí.
Julia, se repuso, eres original, le dijo, si lo reconozco, pero mi mundo está en esta cajita blanca, mi ordenador, a través de él cuento y escucho los sueños, no utilizo las palabras, esto es más potente que la palabra, puedo estar comunicada con el mundo, esto es mi vida ¿mi sueño, dices? Mi sueño es, tener un procesador injertado en el cerebro para poder estar en permanente conexión, Asier, la miró con pena, un sueño muy triste, estar conectada con una máquina, le dijo mientras cogía su guitarra, con voz baja, empezó a canturrear una canción, mientras se alejaba, Julia, se volvió a colocar su auricular y centró su atención en su ordenador.


Cuando el tren estaba llegando a Sevilla, recibió un sms de su tía, se retrasaría una media hora. Julia, bajo del tren, los andenes estaban repletos de viajeros, arrastrando sus maletas en dirección a la salida, las rampas mecánicas, atestadas, subían lentamente, ella, con su MP4 solo atendía su música, se paró en las tienda de revistas, esperando que hubiera salido el número de este mes de su revista preferida, siguió andando hasta un banco múltiple de tres plazas que inusualmente estaba vació. En ese momento se oyó un murmullo, como una protesta, una exclamación de horror, algo había pasado, Julia miró a su alrededor, todo el mundo miraba alternativamente a las pantallas de la estación, su teléfono móvil y las personas que tenían a su alrededor.

Todos los paneles de información de la estación estaban apagados, Julia, no se percató mientras encendía su ordenador, sacó su teléfono móvil para llamar a su tía, pero no tenía señal, que contrariedad, bueno, le enviaría un mensaje desde Internet, su estupefacción se torno en pesadilla, no podía conectarse, lo reinició dos, tres veces, pero nada, mientras, el nerviosismo crecía a su alrededor.

Llevaba diez minutos en Sevilla, que terrible ¿qué haría? No dejaba de mirar su móvil, no podía llamar,.

Su tia llegó acalorada, con pasos rápidos, aaaaaahi mi sobrina, las dos se abrazaron, Tita ¿q a psd?le dijo Julia, su tía la miró ¿niña que te pasa? ¿Quieres hablar bien? No te entretengas Julia, no se que ha pasado, pero el teléfono móvil, los semáforos, todo ha dejado de funcionar, hasta la radio. Mientras se alejaba, vio a Asier sentado en un rincón tocando su guitarra ¿es que a él no le afectaban estas cosas?

De regreso a casa, todo fue un caos, coches cruzados en las calles, el trayecto que habitualmente tardaba en recorrer no más de treinta minutos se convirtieron en seis horas.

Julia, estaba desorientada, por la calle, coches de la policía, invitaban a los ciudadanos a salir a la calle solo lo imprescindible, patrullaban para evitar el pánico e informar a la población, no funcionaba nada que fuera electrónico, no había explicación posible.

Había pasado una semana, largas colas de personas estaban formadas para recoger alimentos y agua, Julia, parecía una flor fuera de su tiesto, mustia, con los ojos llorosos, llevaba una semana sin comunicarse con nadie, todos sus “artilugios” electrónicos estaban metidos en una bolsa, no servían para nada. Los dos primeros días espero un milagro, no dormía apenas, intentaba encenderlos a cada minuto, el paso de las horas fue diluyendo su atención hasta que finalmente se dio por vencida.

Echaba de menos a su madre, no podía comunicarse con ella, un precario sistema de correos parecía que empezaba a funcionar, con animales de carga, había oído que tardarían en llegar a Barcelona, una semana, una semana, cuantas cosas tenía que contarle a sus amigas, pero no tenía el medio, como expresar sus vivencias, como expresar lo que sentía.

Al amanecer del décimo día decidió salir sola a la calle del pueblo donde vivía su padre, la calle, aparecía desierta, en uno de los extremos había un pequeño jardín con dos bancos, y una pequeña fuente, miró a su alrededor, se sorprendió, veía las cosas ¿de otro color? Ese árbol, esas flores blancas que bien huelen, el aire, el ruido del agua de la fuente, que bonito, desde hacía un par de días se fijaba en cosas que antes no veía, mientras pensaba todas esas cosas, cerro los ojos quería respirar ese aire, ese olor limpio…… Hola, el otro día te fuiste y no me dijiste tu nombre, abrió los ojos, se asusto, el muchacho del tren estaba frente a ella, me llamo Julia, dijo con cierto nerviosismo, ¿puedo sentarme a tu lado? Dijo Asier, mientras se sentaba ¿siempre vas con tu guitarra? le pregunto ella, Asier contesto, me encanta tocar, su sonido ejerce un bálsamo curativo con las personas, mientras acariciaba las cuerdas, desgranando un acorde lleno de sentimientos, toco durante varios minutos, Julia estaba encantada , en aquel sitio, con ese olor, la música, le daban ganas de bailar y cantar, cuando termino de tocar varios jóvenes se asomaban tímidamente en las esquinas de la plaza, Asier se arranco otra vez con la música y Julia, noto como algo que salía de su interior, empezó a cantar, al principio bajito, pero poco a poco empezó a subir el tono, sintiéndose como volando, sin ningún pudor, cantaba encima del banco. En pocos minutos se habían congregado en la plaza quince o veinte jóvenes que bailaban al ritmo de la música. Julia, se arranco con una segunda canción, se notaba fuerte, con ganas de cantar de expresar, se sentía bien con toda aquella gente a su alrededor, que la aclamaba y bailaba con su música, había olvidado su ordenador, su móvil, quería hablar cara a cara con la gente, disfrutar del calor humano, bailaron durante horas, todos cantaron. Regresó a su casa entrada la noche, feliz y contenta, había descubierto un nuevo mundo.




Joaquín vidal

Noviembre de 2009