domingo, 10 de enero de 2010

Mi impresión

Siempre me ha impresionado pasear por la Sierra de Grazalema en Octubre, Noviembre. El otoño, se hace presente con toda su fuerza. Las hojas amarillas, festonean los arboles, dándole al atardecer una imagen, tan bella como irreal. Me gusta sentarme al pie de un gran árbol, sacar un trozo de queso y una hogaza de pan y cortarlo en pequeños trozos, acompañados de un buen trago de vino. Siempre en esos ratos pienso en silencio, remuevo mi memoria y recuerdo historias, cosas que me han contado y cosas que he visto y que a veces escribo.
En esos escritos, a veces, le doy vía libre a mi cerebro, otras a mi corazón; es cuando más a gusto me siento, también influye la persona a la que le escribes.
Hoy no es cumpleaños, ni el santo, ni es ninguna ocasión especial, solo, quiero escribir.
Le escribo a una “niña”, que conocí hace unos meses. Nos hemos visto poco, pero aún así he percibido su sensibilidad; sensibilidad, que no quiere mostrar al mundo. No la conozco profundamente, pero me imagino que la dureza de esta vida, la obliga. Presiento que su cuerpo esta lleno de jardines, ternura, terrazas, cielos, arroyos y dulces de chocolate, pero cuanto le cuesta mostrarlo. Es una situación muy común entre las personas. Yo siempre digo lo mismo; deja que todo eso que tienes dentro fluya hacia fuera, que todas las personas que hay a tu alrededor lo perciban. Me dirás que té quedas desarmada, que el sufrimiento empieza cuando entregas tu interior. Me pregunto ¿ realmente no es sufrimiento, lo contrario? ¿ No hay momentos en la vida, que has deseado que se mueran por tus huesillos y te has asombrado y llorado por la respuesta?.
Es solo mi percepción, la percepción de un hombre sentado a los pies de un árbol, comiendo un trozo de queso con pan, con un trago de vino.


Joaquín Vidal