domingo, 10 de enero de 2010

Ahora que parece que el camino se termina, que el alma se arruga ante la vida, que un viento huracanado quiere arrasarlo todo, he cogido mi reproductor de CD, escuchando al maestro Elton Jhon. Quiero dejar volar mi imaginación y escribirle a una persona en Madrid, por la cual siento un especial cariño; .

Yo, la llamo “alma”, así es como la llamo a ella; mas adelante explicare porque.
La presiento caminando por la vida, vital, creativa, amiga de sus amigos,
-aunque sea un tópico-, tímida, muy tímida con una gran educación.
En su interior, una fuerza a prueba de bombas. A pesar de esto, me impresiona. A veces cuando la miro, todo su ser, todos los poros de su piel, piden un alma amiga, que se roce con la suya, que se estremezca cuando ella se estremece, que sonría cuando sonríe, que llore cuando llora, y lo más importante, que la quiera cuando ella quiere.
Al final todos buscamos lo mismo, aunque el granito endurezca nuestras facciones, creamos que la nieve nos rodea, que nadie se mueve en nuestro mundo, hay un viento invisible que, en su momento, nos trae todo lo que deseamos. Es una sensación. Cuantas veces he notado, que las palabras se agolpaban en su garganta, queriendo salir a borbotones. Tantas como las que ha guardado silencio.
Esta es solo la breve opinión de un viejo lobo estepario
Lo del alma, una mujer que tiene una espalda tan bella, ¿ no es porque su alma es su hermana gemela?.


Joaquín Vidal