domingo, 10 de enero de 2010

Quiero como nunca he querido

No es el momento ni el lugar para escribir, pero si surge el momento, desconecto mi mano cerebralmente y la enchufo directamente a mi corazón.
Llevo más de dos horas sentada en este banco del parque, pensando, analizando. He concluido. Si, he concluido. La mejor manera en que me comunico con el resto del mundo es, a través de lo que escribo. Me he resistido a admitirlo, pero es así.

Quiero, como nunca he querido. A pesar de que estos días he vivido una situación de provisionalidad, todo ha pasado tan rápido que no me ha dado tiempo a pensar.

He vivido miles de situaciones ya vividas, segundos, minutos, que, dulce o angustiosamente se han repetido.

He disfrutado con su cuerpo, como nunca disfruté, y cosa curiosa, en esos momentos no he pensado en el pasado, solo en su cuerpo.

He besado, cubierto su piel con mis labios, explorado cada rincón de su cuerpo; que dulce sensación.

He arrollado su mente, puesto al límite su amor, me he mojado con sus lagrimas por mi sinrazón; que desesperación.

Le he dado de comer en mi mano, he lavado su cuerpo despacio, muy despacio.

He velado su enfermedad, rogando a Dios que se ponga bien. He enfriado su cuerpo, asaltado por violentos temblores.
He pedido a Dios que me ponga en su lugar.

Quiero, como nunca he querido. He sentido el lacerante dolor del pasado, como un huracán, arrasando todo cuanto encuentra a su paso.

Quiero, como nunca he querido.

Amelia Salmerón