domingo, 7 de agosto de 2011

LA VIDA ES UN LABERINTO, SIN SEÑALES

No he tenido más remedio que sentarme en este banco, lo he vuelto a sentir, un escalofrió me recorre la espina dorsal, en el cuello, una rigidez molesta pero apenas dolorosa atenaza los músculos del cuello. El sol del Mediterráneo, baña mi cuerpo, solo necesito unos minutos para recuperarme físicamente, el ánimo, mi ánimo, sin que yo pueda gobernarlo, ese, tardará más, tanto o tan poco que no puedo saberlo.

Las personas que pasean a mí alrededor, no me prestan atención, es tan habitual, estar sentada una mañana de primavera al sol, frente al mar en esta parte de esta ciudad. Si pudieran ¿si pudieran? Quiero decir si yo pudiera penetrar en mi interior, encontrar el principio y lo que más deseo, el fin de este insufrible martirio y ofrecerlo a mis seres queridos. Me doy cuenta a veces, que otra mujer sale a ratos de mi interior, una mujer desconocida con un temperamento extraño, desconocida incluso para mi, pero esa ansiedad, ese desanimo, tiene sus garras clavadas en mí y sinceramente lucho cada hora, cada minuto para dejarlo atrás. Dicen que es el mal de nuestro tiempo, que a la mayoría de personas le ocurre con más o menos intensidad. He dado un paso muy importante, pedir ayuda médica, dicen que es el principio del fin, la luz al final del tunel.

El sol me ha fortalecido, voy a volver a intentarlo, lo mejor que tengo, mi voluntad; voluntad fortalecida por mi pareja, mi hijo y mi hija pequeña, que en silencio, me acompañan en este transito que pronto voy a dejar atrás.



Amelia Salmerón

Enero 2010