viernes, 3 de febrero de 2012

Del cielo al infierno, sin pasar por el purgatorio, ¿eso es el amor?



Los informativos no dejaban de airear la noticia, mañana entraría una bolsa de aire siberiano por el Norte y dejaría congelada la península. La Península, que añoranza. Hace más de cinco años que no vuelvo, no por gusto, estoy esperando que la cosa se tranquilice un poco. Tengo una teoría, el cielo, el infierno no existen, lo que tengas que pasar, sea bueno o malo, lo pasas en vida, creo que no tengo merecido este retiro, esa negación de disfrutar de las calles de mi ciudad, divertirme con mis amigos, besar a mi hermana o sentarme en un café y ver pasar la gente sin más interés que profundizar en la condición humana, investigar lo llamo yo.

Pensareis que este alejamiento es por el robo del diamante del Imperio Austrohúngaro, si, al principio era así, un año pensaba yo, con eso quería contentarme, sufro en silencio mi penitencia y espero que el episodio que viví, prescriba en el alma de ese ángel y me permitan volver aunque sea a unos cientos de kilómetros de familia y amigos.
Ni hermana gemela se casó un 27 de diciembre, enamorada. Su novio, un lujo de hombre, me parecía ideal, una envidia sana, me recorría el cuerpo ese día, esa sensación dio paso a otro sentimiento más intenso, que fue abriendo, con el tiempo, una zanja insalvable entre mi hermana y yo, ese abismo fue el que me condujo a tomar un camino que hoy, me arrepiento de haber tomado.

Que momentos más duros, durísimos pasaba cuando hacían el amor en la habitación de al lado, tenía que meter la cabeza en la almohada para no escuchar sus gritos y poder insonorizar mi llanto. Yo cuando iba de visita a su casa, me quedaba varios días, necesitaba estar a su lado, tenerlo cerca, mirarlo fijamente cuando desayunábamos juntos, con mi inocente hermana a mi lado. Él al principio no sospechaba que mi corazón bombeaba la sangre más rápido cuando su mano cogía la mía al querer coger un cubierto o cuando me abrazaba queriendo coger el mando a distancia del televisor.

Un día nuestras bocas quedaron a centímetros de distancia y terminamos follando como locos por toda la casa. Cuando mi hermana volvió, me encerré en el cuarto de baño, tenía que contárselo, no me atrevía a cruzar mi mirada con ella, lo notaría. Se lo diría esta noche. De esa noche pasó a mañana y de mañana a pasado y de pasado a nunca, la pasión animal que sentía por mi cuñado era tan fuerte que en esos momentos solo quería amar.

Pasaron las semanas, visitas continuas a su casa, noches en vela con los ojos enrojecidos de llorar pensando que estaba con ella. El silencio, empezó a reinar en la alcoba de ella, mientras lo nuestra iba a más cada día.
Una noche, sentí como los quejidos como flechas de cristal penetraban por mis oídos, me destrozaban el alma, el corazón. Perdí la razón y cruce la puerta de su habitación desnuda, lanzando fuego por mi boca. Mi hermana, primero se quedó muda, no creía lo que escuchaba, se quedó como una marioneta, solo me miraba y miraba, incapaz de creer lo que estaba pasando. Salí de la habitación, con los gritos de mi cuñado de fondo pidiendo perdón a mi hermana. Me paré un par de veces esperando verlo aparecer para huir juntos pero era en vano. Metí cuatro prendas en una maleta y al día siguiente estaba a miles de kilómetros de distancia. Hace más de cinco años que no vuelvo, no por gusto, estoy esperando que la cosa se tranquilice un poco. Esto lo digo para tranquilizarme, la verdad es que un miedo a lo desconocido me impide volver, porque coincidiréis conmigo, que cuando se ama, al principio es el cielo, después pasamos al purgatorio y al final terminas en el infierno, ¿eso es el amor?.


Amelia Salmerón Febrero 2012