viernes, 27 de julio de 2012

El destino me ha regalado una vida

Ahora lo sé, siguiendo tus pasos día a día sin importarme tu silencio, me acerco más a ti. Recuerdo que un tarde tormentosa refugiados bajo una marquesina de la parada de una línea de transporte público, rodeados de una fauna ciudadana de jóvenes, ancianos y niños, rocé tu mano al intentar alcanzar la puerta de autobús. La lluvia en ese momento, arreciaba como pequeñas flechas clavándose en mi rostro. Cuantos días había esperado ese momento, mi timidez enfermiza, siempre me impedía siquiera mirarte de frente. A hurtadillas, levantaba mis ojos, intentando con disimulado interés en mirar tu cuerpo.

Con el roce de tu piel y cuando el autobús se alejaba contigo en su interior, salte al asfalto y empapado hasta los huesos, saltaba cantando de alegría, con la lluvia disimulando mis lagrimas, me incliné haciendo una reverencia a varios coches que casi me atropellan y después sonriendo, hoy soy feliz, he tocado su piel, me quite el abrigo y envolví mi brazo para no perder su olor. Llegue a mi casa minutos después y pase una larga semana en cama con un resfriado descomunal pero con el brazo en cabestrillo, feliz.

Volví al mismo sitio cuando me repuse, nada más doblar la esquina la vi, me acerque, hoy era el día, daría sentido a mi vida, no podía dejarla que se fuera, me acerqué, la miré y antes de que pudiera hablar, me miro con sus negros ojos y me dijo metiendo su mano en el bolso de mano que llevaba,- desde que te vi, sabía que por la burra venias-, en ese momento llegó el autobús, se monto y la perdí de vista. Estuve unos minutos parado, sin saber qué hacer, ¿Qué me había querido decir, era una cita, un acertijo, quería volver a verme? Un ciego que estaba al lado ofreciendo cupones para su venta me dijo, -joven, váyase a casa, el destino, le ha regalado una vida.-

Joaquín Vidal 27-07-12