lunes, 10 de junio de 2013

Que no daría yo por no crecer

Crecer, crecer, era mi sueño con 14 años, quería ser como los mayores. En la infancia feliz, inconsciente, dura, pobre, con las alforjas llenas de sueños, deseos, desconocimiento, ese era mi gran sueño, crecer, ser independiente.

Van pasando los años, cometiendo errores, aprendiendo, olvidando, queriendo, odiando en ese momento, pero entendiendo que no se puede vivir con rencor. La memoria frágil, que se encarga de destruir gran parte de los recuerdos, ayuda para seguir adelante decenas.

A veces la vida cuando millones de años han pasado por tu alma, concentrados en unas decenas, te sirve en su lecho frio, experiencia de personas cercanas, duras muy duras, que como andanadas de cañones con mucha metralla, destrozan tu línea de flotación. Como un torero centenario, te levantas por la mañana, con los costurones vendados, te pones frente ante el altar de tu Virgen, Cristo, creas o no, solo quieres una cosa, ¡Madre, déjalo aquí con nosotros¡

Joaquim Nieto
Junio 2013