domingo, 10 de enero de 2010

EL DÍA DEL PADRE

Unas lágrimas rodaban por sus mejillas, el sonido de la mezcla se unía al del palauztre, rascando el fondo del recipiente. Es un sonido que te pone los pelos de punta. Un silencio sepulcral, roto por el llanto de los familiares y amigos. El féretro metido en el estrecho nicho. Todo acabó en unos minutos. Después el largo paseo hasta la puerta principal. , acabando con la despedida de familiares y amigos.
Esto es lo que recordaba Amelia. Habían pasado dos años desde que su padre falleció. Cuantas cosas ocurrieron en esos dos años. Durante sus primeros veinte años de vida, su padre fue un “ padreparaguas”. Cuanto se acordaba de él. A veces, lo culpaba de morirse tan pronto. Así era Amelia, había nacido y crecido entre algodones.
Las teorías que mantenía su padre de comunicación, respeto a la intimidad de su hija, sinceridad, complicidad y camaradería; ella, no había sabido apreciarlas y lo que es más importante, aprovecharlas hasta el último sorbo. Ahora lo lamentaba. La vida de pronto se convirtió en un subir y subir, en una cuesta arriba, que agotaba sus fuerzas.
Frases como, “si mi padre no me hubiera mimado tanto, si no me hubiera dado todos los caprichos, etc...”, frases, que solo piensan y pronuncian las personas con una inteligencia rayando en la nada, propia de animales.
El padre desde su sepultura, la veía, ¿no hubiera sido más valioso para su hija, morirse él, el día que ella nació?, pensareis, es una barbaridad, ¿no?
¿Hubiera sido de otra manera? ¿Ella se hubiera enfrentado a la vida, con más inteligencia?, no lo sé. Lo que sí es cierto, es que he vivido mi vida, no todo me ha salido bien; pero coincidiréis conmigo, que la vida es eso, imperfección. Lo que si he tenido siempre es un gran respeto por su persona, por su espacio, amor a raudales; no he sido perfecto, tampoco lo he pretendido, la perfección me parece, de edificios, muebles, monumentos, pero no es real en la vida. Me parece más perfecto llevar una vida adelante, con los problemas cotidianos, aprovecharme al máximo de las pocas oportunidades que da la vida, y por supuesto si ponen en mi camino algún punto de apoyo, que encima es sangre de tu sangre y carne de tu carne, agarrarlo y no soltarlo.
Sé que este escrito, será uno más, pero la pena que embarga mi corazón, se me alivia por unos momentos. Dentro de unos minutos, dejaré de escribir. Para mí será un episodio más, la vida sigue. Para Amelia, opino, con todo el respeto, debiera ser un aviso. Paradójicamente Amelia, la vida, con la muerte, acaba de empezar.

Joaquin Vidal