domingo, 10 de enero de 2010

El Móvil “Tobillero”

Serafín Montoso, descansaba en el chiringuito. La familia doscientos metros y quinientas sombrillas más adelante, disfrutaban de las olas del mar. Serafín pantalón corto blanco, sandalias de Carretour, polo con el cocodrilo falsificado, degustaba una fría cerveza, la segunda. En las mesas colindantes las familias con los cuerpos quemados, los pies llenos de arena y las marcas de los bañadores trasteaban entre la barra y las mesas, llevando sardinas a la plancha, chopitos, ensaladas, aliños, botellas de casera con la etiqueta movida por el agua de la nieve del congelador y jarras de de tinto.

De pronto, Serafín sufrió como un espasmo. Le había vuelto a ocurrir. Miró a su alrededor, nadie lo había visto, siguió con su cerveza. Volvió a ocurrirle.
Llevaba doce días con la familia en la playa, pasado mañana, volvían a Madrid, lo deseaba, hasta ese momento había aguantado bien.
Serafín, Serafín; una escultural rubia, lo llamaba desde la rampa de madera que se introducía entre el mar de sombrillas y te llevaba hasta la silla del socorrista, ¿quieres que te ayude a bajar a la playa?, “la parienta” pensó, como se de cuenta, me mata, él hizo un gesto con la mano; después, después.
Elena, mientras bajaba a la playa, y cientos de cabeza se giraban en su dirección, y algún “tía buena” se escapaba de una garganta, pensaba; este hombre, le pasa algo, la torcedura del otro día, lo ha dejado raro, raro.

Serafín, no pudo más, con la cara roja y rostro de vendedor asesino (estilo clint isbud) echó mano de su “móvil tobillero”, modelo que había visto en un catalogo de Mevamatar (grandes almacenes de electrodomésticos) y comprado antes de las vacaciones empujó al camarero, le quitó la tiza de la mano y preguntó a través del auricular con la voz a cien, a ver Fernando, ¿cual es la fecha de entrega del pedido?
La mujer lo miraba de lejos, moviendo la cabeza, mientras Serafín apuntaba en la barra con la tiza mojada.


Joaquín Vidal Julio de 2007