lunes, 11 de enero de 2010

La vida secreta

Un año llevo viviendo mi vida secreta. La descubrí de golpe, sin querer, sin saber en ese momento que era, lo he ido experimentando a lo largo de este año. Quien piense que está preparado para “nacer” en esa nueva vida está equivocado.

Al principio, el bullicio, la incomprensión del momento que vives, las lágrimas te acompañan, después, el silencio, la soledad, las ganas de llorar contenidas delante de amigos y extraños te van abriendo las puertas de tu vida secreta.

Esta otra vida de la que te hablo hoy no tiene edad para empezarla, hay quien sin haber nacido ya empieza a vivirla en el vientre materno, es una nueva manera de vivir, ni más dura ni peor que la otra, que se adhiere paralelamente a la tuya y despacio o más rápidamente vas consiguiendo que vayan uniéndose de manera uniforme en un solo camino.

Gracias a Dios, yo la he empezado despacio, presintiendo su cercanía. He pensado a veces, ¡como nadie me ha advertido de que existe! Compadezco a los que la descubren de golpe, a los que un día de repente se encuentran en medio de un huracán de viento con la puerta de su vida secreta abierta de par en par.

He querido a veces contarte algo, ¿porque no me hablaste tu de esa vida, porque la has llevado en silencio? Ahora te entiendo aún más si cabe, echo de menos tu sonrisa, tu complicidad, que niño he sido.

Ha pasado el verano, volvieron los colegios, llego el mes de Diciembre, menos bravo de lo que yo esperaba, he echado de menos las historias que contabas de mis travesuras de pequeño, tu bendición de la mesa en Navidad, también me ha faltado. Llegó la primavera y el Sábado Santo, fui a verte al cementerio, no sentí nada especial, no te reconocía allí.A hurtadillas fui a ver salir a la Esperanza, apartado de esa puerta por la que tantos años la he visto salir con un pequeño gran hombre agarrado a su manto, y aquí me tienes hoy, echándote de menos, empezando a vivir mi vida secreta sin ti. Gracias a tu ejemplo y el de mi madre, estoy preparado para tres guerras, se que tu eres feliz en tu cielo, que apuraste la vida hasta el último sorbo y que hasta el momento en que te sentaste para exhalar el último suspiro, estuviste al servicio de Dios.


Antonio, descansa en paz y que Dios te tenga en su gloria.

Joaquín Vidal

16/4/2008