He querido volcar en esta ventana, lo que escribo. Ni estan todos los que son, ni son todos los que estan, pero poco a poco ire recopilando y publicando.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Quien ha dicho que la vida es facil
No había sido fácil encontrar el Tanatorio. No entendía porque en los tiempos actuales, se empeñaban en relegar este servicio a zonas alejadas próximas a los cementerios, la muerte estaba presente como un acto más de la vida, si, era con el que caía el telón, pero no dejaba de ser uno más. Rodrigo, dejo atrás el edificio con una sensación agridulce, la garganta seca por el momento pasado. No había sido fácil no. Se monto en su coche y puso rumbo a la prisión de Sevilla donde “El cuneta” estaba recluido.
Mientras conducía sus pensamientos le llevaron seis años atrás, se había enamorado de una mujer preciosa, que nada tenía que ver con el ambiente en el que él se movía. Al principio no se fijo en ella, pero un día que vigilaba el museo para dar el golpe, lo miró y se enamoró como un adolescente. Pasaron un año en una nube. Luisa era de un pequeño pueblo donde el tiempo pasaba más despacio y las costumbres no eran tan relajadas como en la ciudad. Todo iba estupendamente, a sus treinta y ocho años la vida le sonreía. Todo era tan perfecto que tenía la sensación de que aquello no podía durar.
Habían estado bebiendo y jugando a las cartas toda la noche, Rodrigo, dejo a su amigo tirado en un bar de carretera de mala muerte. A sus dieciocho años y con todo el alcohol que llevaba en las venas solo pensaba en irse a dormir, pero quiso tomar la última copa. Tenía dieciocho años y se sentía fuerte y enamoradizo, aunque su físico no lo acompañaba, su desparpajo y el dinero que manejaba fruto de los atracos que hacía con sus compinches le facilitaban las relaciones con toda clase de mujeres. Terminó en la cama con Angelita, una muchacha que acababa de llegar a este sórdido mundo, su tío la apadrinaba y no dejaba que cualquiera se acercase, pero lo abultado de su cartera lo convenció. A la mañana siguiente en su casa no recordaba casi nada de la noche anterior, siguió con su vida.
Habían pasado cuatro meses y el tío, se presento con dos amigos. Su sobrina se había quedado embarazada. Por miedo no lo había dicho antes y era imposible que abortara, así que Rodrigo tenía que hacerse cargo de ella y de lo que viniera, tenía que casarse. No fue fácil la negociación, incluso salieron las pistolas a relucir. Dos semanas después se casaron en secreto. Rodrigo con dieciocho años, una mujer a la que no quería y un hijo en camino.
Rodrigo, quería casarse con Luisa, todo iba estupendamente, tenía ganas de dar un cambio a su vida. Después de lo que había pasado tras el robo del diamante era el momento de retirarse. Luisa quiso que Rodrigo la acompañara a su pueblo a presentarlo a su madre. Pararon en una gasolinera a desayunar, en que maldita hora, en la barra del bar, un hombre mayor vendía lotería. En cuanto lo vio lo reconoció, era el tío de Angelita. Se acercó y sin darle tiempo a reaccionar, delante de Luisa le dijo- Angelita, está recluida en un centro de desintoxicación, perdió a tu hijo y sigue esperando que cumplas como marido-. Rodrigo, miro a Luisa, sin saber que hacer no podía reaccionar. El tio se dio media vuelta, como una cobra venenosa, había mordido y dejado su veneno que a las pocas horas destrozaría todo lo que encontrara a su paso.
Le costó toda la mañana convencer a Luisa que aquello fue un error de juventud, que no veía a Angelita desde que se casó con ella. Fue difícil pero el amor y el compromiso de Rodrigo de contar la verdad a su madre derribo todos los obstáculos. Vivirían juntos, a ella no le importaba lo que pensaran los demás. La condición humana les enseñaría que la vida es de todo menos fácil.
Llegaron al pueblo, la madre de Luisa, desde el principio se mostró fría con él. Hablaron y hablaron, pero ninguno de los argumentos permitió a su madre aprobar esta relación. Miles de ojos y oídos en el pueblo estarían al acecho de la relación de Luisa. Angelita besó a Rodrigo en la puerta y este se alejó maldiciendo a la madre, que le impedía con su terquedad pueblerina vivir con su amor.
Vivieron como pudieron, viéndose en momentos muy concretos de su vida, a escondidas, con la complicidad de amigos, disfrutando de sus cuerpos como dos fugitivos, sin poder proclamar a los cuatro vientos que se querían con delirio. Fue un calvario, para ellos fue, como una cadena enrollada a sus gargantas que cada día se cerraba más.
Rodrigo juró el día que salió del pueblo que no moriría hasta que no asistiera al entierro de la mujer que lo hizo tan desgraciado.
Luisa murió un año antes que su madre ahondando más la herida de su corazón.
Hoy se sentía mejor, dejando flores en la tumba de Luisa, después de reírse a gritos delante del féretro de su madre.
Joaquín Vidal 28/12/2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
El día de nuestra boda
Volví a mirar por el espejo retrovisor, no había cambiado nada en estos tres años, incluso la veía mucho más guapa, como era lógico en las novias el día de su boda.
Yo, llevaba ocho meses que trabajaba en esta empresa de alquiler de coches de lujo, principalmente mi labor consistía en bodas, hombres de negocios y pasear a todo aquel que fuera capaz de pagar el precio.
En ese momento, ese día para mí era especial, la novia que llevaba detrás vestida de blanco, había sido mi novia durante cinco años y paradójicamente yo la llevaba el día de su boda a la ceremonia. Se me pasaron por la mente todos los momentos que habíamos pasado juntos, planes, ilusiones, todo queibadó a medias.
Ella, por supuesto, me había reconocido pero guardaba un mustismo absoluto. El padrino, era su tio, me lo presentaron una vez y coincidimos en un par de ocasiones, pero no me reconoció con el uniforme. No se había puesto corbata en su vida y parecía que se iba a ahogar con el nudo, me pidió que parara en un bar para comprar tabaco.
Era un día lluvioso, la poca gente que se veía por la calle, iban con prisas, con un pequeño trote, buscando soportales y cornisas para guarecerse. Elegí una mesa al lado de una gran ventana, quería verla llegar, repasé mentalmente lo que iba a decirle, llevábamos un par de meses con discusiones continuas, por los detalles más nímios, todo venía desde que encontró un trabajo, desde ese momento las cosas empezaron a acelerarse y ella quería casarse, yo la verdad no lo tenía claro, la quería, pero mi vida actual, amigos, libertad, vivía con mis padres sin ningún problema. No quería casarme hasta dentro de unos años. En cuanto entró empezamos a discutir, no daba mi brazo a torcer. Salimos cada uno por su lado, no nos llamamos en un par de semanas. Habían pasado dos meses, me la encontré viendo salir la Amargura, iba con una amiga. Nos abrazamos durante un minuto, estuvimos toda la tarde noche juntos, hablamos de mil cosas, reímos, yo para mis adentros pensaba que después de ese corte, la relación duraría otros cuatro o cinco años, nos dirigimos a un hotel, teníamos ganas de recuperar el tiempo perdido, pero por el caminos, empezó otra vez con el mismo tema, la boda, me paré en seco,- cásate conmigo, tú me quieres- me dijo ella, yo sin contestar me di media vuelta, me fui.
Había pasado un año, en la boda de un amigo común volví a verla, mi corazón pareció querer salir por mi garganta. Iba acompañada de un chico.
No he vuelto a verla hasta hoy, el día de su boda.El padrino me tocó el hombro, para que parara a comprar el tabaco. Aparqué lentamente junto a la acera a unos treinta metros del bar. Cuando bajó, miré por el espejo, en ese momento, nuestros ojos, dijeron miles de cosas, yo me volví, quería hablar un minuto, decirle que…., ella me puso sus dedos en mis labios y me dijo, - si en este momento me dices que no me case, lo tiro todo por la borda y me voy contigo-. Mis ojos se nublaron, era incapaz de pronunciar una palabra, mi cerebro estaba paralizado, pensé, la quiero, ella me sigue queriendo, sacando fuerzas de no sé donde fui a pronunciar… en ese momento llegó el padrino corriendo, - vamos, vamos que llegamos tarde-.
Doce minutos después los dejé en la iglesia. Llame a la agencia para que me relevaran, no me encontraba bien.
Han pasado tres años desde ese día, solo la he visto una vez, con su pareja y un pequeño. Hay mañanas que me levanto y pienso, que hubiera sido de nuestras vidas si ese día yo hubiera hablado.
Joaquín Vidal 22-8-1993
viernes, 16 de diciembre de 2011
Un alma nueva
Un alma nueva, por escribir, con leves arañazos, aunque a ti te parezcan grandes grietas.
Pequeños pasos dados en el camino, dulce cabezada en ese largo sueño que perseguimos, parpadeo reflejo de tus ojos, que aunque no dura más que un segundo nos parece una eternidad.
Cuantas cosas pasan y se paran en ese segundo. En el tiempo terrenal que vivimos nos parece una eternidad, un desierto de sal.
Sin estos desiertos, rotos, bajadas, cadenas, ceguera, silencios, lances, noches sin lunas, no podríamos valorar y amar jardines llenos de flores, arreglos, subidas, uniones sin fin, tus ojos, gritos a deshoras y a destiempo, lances pero con roces, noches con lunas, es lo que pienso.
Joaquín Vidal 16/12/2011
martes, 13 de diciembre de 2011
Malta
Tengo el corazón dolorio,
de tanto querer,
dime tu, corazón mío,
que es lo que puedo hacer.
Si a tu puerta me acerco,
sale tu madre y me mira,
a tu corazón le voy a poner cerco,
para ver su me admiras.
En el fondo de tus ojos,
se alumbra un amor sincero,
me arrodillo en los suelos,
por ese amor verdadero.
Besando tu cuerpo entero,
los labios se me vuelven aguaceros,
yo quisiera ser velero,
para navegar por tu cuerpo, guiándome por los luceros.
Joaquin Vidal
domingo, 11 de diciembre de 2011
Cuatro meses que parecen cuatro años
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Cuatro caminos, ríos, cuatro viajeros,
Cuatro amaneceres, con sus noches y días,
con sus paradas,lagunas, y travesías.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Cuatro lunas, miles de estrellas y luceros,
desdibujados por mis llantos y tus lágrimas,
ilusionado por ver tu figura y tu sonrisa.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Cuatro mil pensamientos y cávalas,
Cuatro mil premoniciones y señales,
Cuarenta años de mi vida, que te ofrezco.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Ciento veinte noches que no te escucho,
Ciento veinte días que me faltas en mi vida.
Ciento veinte días que espero tu venida.
Joaquín Vidal Mayo 2007
Cuatro caminos, ríos, cuatro viajeros,
Cuatro amaneceres, con sus noches y días,
con sus paradas,lagunas, y travesías.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Cuatro lunas, miles de estrellas y luceros,
desdibujados por mis llantos y tus lágrimas,
ilusionado por ver tu figura y tu sonrisa.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Cuatro mil pensamientos y cávalas,
Cuatro mil premoniciones y señales,
Cuarenta años de mi vida, que te ofrezco.
Cuatro meses que parecen cuatro años,
Ciento veinte noches que no te escucho,
Ciento veinte días que me faltas en mi vida.
Ciento veinte días que espero tu venida.
Joaquín Vidal Mayo 2007
A la búsqueda de un sueño
En busca del fuego, como nuestros antepasados más primitivos, persiguiendo sus sueños. No sé si lo conseguirán, pero seguir y seguir un camino, ni marcado ni escrito, acompañado de un duro trabajo y la diosa suerte lleva a satisfacer el alma del creador, del artista.
En esa playa de fina arena, un espíritu y cuatro seres se reunieron espoleados por sus genes en un frio día de Diciembre. La música, el arte, fluyeron una vez más. Corredores de fondo en el camino de sus sueños, sin esperar alcanzarlos, pero con un íntimo y profundo deseo de conseguirlos.
Heredada la constancia, el esfuerzo en silencio, con pocos medios, sin saber de dónde le vienen esas ganas, ese ímpetu por crear.
No es la primera vez ni la última que han prestado sus mentes, su trabajo para regalar su granito de arena a otros proyectos.
En esta generación, en las pasadas o en las venideras, una pátina de esa generosidad se reflejara en una solitaria lentejuela dorada, encima de un escenario.
Joaquin Vídal Dic 2012
martes, 29 de noviembre de 2011
Escribeme algo de amor
Me pides que te escriba algo de amor. Dicho así parece poca cosa, como cuando un desamparado pide una moneda a la puerta de un templo, en su cara se plasma todo lo vivido, bueno y malo, pero también lo que ha deseado y desea en ese momento, porque los deseos, los sueños, no cumplidos, también dejan marca en el rostro y lo que es más inquietante, no lo ves, pero pesan en el alma.
Lo vivido, lo sentido. Desde que tienes uso de razón ¿puedes asegurar que todo lo que has vivido lo has sentido? Seguro que no. Sentir, es como la felicidad, nos visita en la vida, segundos, minutos como mucho. En cien años de vida, has sentido unos pocos y has sido feliz otros. Ahora que todo se controla con el móvil me pregunto si querría saber cuántos años de mi vida he sido feliz y cuantos he sentido y para rizar más el rizo, cuantos y a cuantas personas les he transmitido sentimientos y felicidad, empiezo con un tiempo en mi haber, de niño con mis padres.
Tengo otro apunte a mi favor, tu.
A veces cuando estoy recostado en la cama y te veo durmiendo, le pido al mundo que no se mueva, que la luna siga alumbrando tu rostro, que tú aliento….., no me abandone nunca.
Este sentimiento, cárcel no quiero que sea,
Vereda verde y fresca, que paso a paso, desee recorrer,
Besar tus labios sin correr,
Cadena herrumbrosa, que rota lejos se vea.
Y para terminar sin querer hacerlo, despuntando un treinta de Noviembre de no hace muchos años, solo me queda decir una cosa:
“Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mi….”
Feliz cumpleaños.
Joaquín Nieto 11/2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
La Estrella Polar
La Estrella Polar ¿Has mirado últimamente al cielo? ¿De noche? Hoy en día es difícil. Con tantas luces, contaminación lumínica, creo que la llaman. No es posible ver las estrellas, solo cuando somos adolescentes y no nos importa dormir al raso, en esas noches vemos el cielo como un ramillete de diamantes, pero pasan los años y no miramos el cielo de noche. Entre todas las estrellas siempre me ha impresionado la Estrella Polar, la que han seguido marinos, peregrinos, generales y aventureros.
Ella en silencio, guiaba a todos los seres humanos, a todos, los que perseguían algún sueño, para muchos se constituía en alguien muy especial de su familia. De ella dependía que llegaran a buen término sus viajes, sus peregrinaciones. Sin saber como el ser humano, miraba constantemente al cielo esperando que le indicara el camino.
Te imaginas ¿si algún día perdiera parte de su luz o tomara otra posición en el cielo, por voluntad propia? Este mundo, hoy sería diferente. Para mí y para todos, tú, eres la Estrella Polar, el norte de nuestras vidas. Desde que hemos ido llegando o has llegado a nuestras vidas, hemos mirado constantemente a nuestro cielo, esperando ver tu resplandor, que nos guie día a día. Por eso te pedimos que te mantengas ahí. Somos muchos los que necesitamos, para encontrar nuestros sueños, tu luz y tu guía.
Esto lo escribo para que lo lea todo el mundo, porque sirve para todos, pero hoy quiero que solo tú, recojas el mensaje, lo necesitas, mañana lo necesitara otro y ayer lo necesito otro. Joaquín Nieto 25/11/2011
Ella en silencio, guiaba a todos los seres humanos, a todos, los que perseguían algún sueño, para muchos se constituía en alguien muy especial de su familia. De ella dependía que llegaran a buen término sus viajes, sus peregrinaciones. Sin saber como el ser humano, miraba constantemente al cielo esperando que le indicara el camino.
Te imaginas ¿si algún día perdiera parte de su luz o tomara otra posición en el cielo, por voluntad propia? Este mundo, hoy sería diferente. Para mí y para todos, tú, eres la Estrella Polar, el norte de nuestras vidas. Desde que hemos ido llegando o has llegado a nuestras vidas, hemos mirado constantemente a nuestro cielo, esperando ver tu resplandor, que nos guie día a día. Por eso te pedimos que te mantengas ahí. Somos muchos los que necesitamos, para encontrar nuestros sueños, tu luz y tu guía.
Esto lo escribo para que lo lea todo el mundo, porque sirve para todos, pero hoy quiero que solo tú, recojas el mensaje, lo necesitas, mañana lo necesitara otro y ayer lo necesito otro. Joaquín Nieto 25/11/2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
Sevilla La Roja
El coche avanzaba lentamente por las calles de la ciudad. El calor era insoportable aquel 15 de Julio de 1936. Don Gonzalo, medio tapado por la cortinilla lateral del vehículo, le daba vueltas a su plan. Varios comandantes y capitanes de la II Región Militar estaban dispuestos a secundarlo. No había sido fácil, cuando los conspiradores se enteraron de quien iba a dirigir la sublevación se quedaron estupefactos. No podía ser un general con la fama de Queipo de Llano, daría al traste con la operación. Mientras pensaba esto miraba disimuladamente por la ventanilla. La Sevilla de 1936 era una ciudad tomada por los sindicatos, huelgas, asesinatos, enfrentamientos con Falange todos los días, esto se tenía que acabar. El asesinato en Madrid de Calvo Sotelo hacía dos días había acelerado los planes de los golpistas.
Se bajó disimuladamente del vehículo, el chofer lo dejó a unos quinientos metros del hotel Don Simón. De momento vestía de paisano para no llamar la atención, el gobierno no debería saber que estaba en Sevilla, se dirigió al hotel, de pronto un escalofrío le recorrió el cuerpo, enfrente había dos individuos, no podía ser, la providencia se lo había puesto delante, tenía a pocos metros a un indeseable de izquierdas, alguien a quien la derecha no podía ver, le había ganado cinco elecciones desde el año 31, Alfonso Guerra un dirigente del PSOE. Al pronunciar el nombre se palpó la pistola que llevaba en el bolsillo una idea le corrió por la cabeza, se acercaría y sin mediar palabra le daría dos tiros, era su oportunidad, al cuerno con el Alzamiento. Sin pensarlo dos veces cruzó la calle de dos zancadas y oyó que lo llamaban, ¡abuelo, abuelo! Que pasa ¿te has quedado dormido? Venga despierta. En ese momento Julio abrió los ojos, que mal sueño, claro el plato de puchero lleno hasta los bordes le había hecho caer en un sueño muy pesado. Dios mío, que pesadilla, había tenido, tanto leer, tanto leer. Abuelo, le dijo su sobrino, - venga que tenemos que votar, al final vas a votar otra vez al PP ¿no?, - pero tú no te enteras que a Alfonso Guerra en Sevilla no le ganáis ni aunque esté durmiendo. Anda vamos-. Julio, refunfuñaba mientras se ponía el abrigo, -niño para que me has despertado, con lo cerca que lo tenía.
Joaquín Vidal 23 de noviembre de 2011
sábado, 19 de noviembre de 2011
Que vienen los rusos
Antonio regresaba a su barrio, el metro a esa hora, vacio casi completamente finalizaba su viaje en La Laguna. Mari Carmen y Susana junto con Antonio realizaban este último viaje. Tres vidas, con sus historias a cuestas. Todos como estatuas hieráticas permanecían sentados unos leyendo otros escuchando música, pero todos refugiados en sus mundos a pesar de estar rodeados de personas. Una imagen tan común en este tipo de transportes que si, te sorprende la primera vez que montas en él, después con el tiempo terminas convertido en estatua de sal.
Mari Carmen, no dejaba de pensar en su matrimonio. Hoy, por fin hablaría con él, la decisión tantas veces aplazada, había llegado la hora. Su madre, hoy en la comida, le había pronosticado toda clase de infortunios, una catástrofe le había dicho textualmente, no puedes abandonar a tu marido y a tu hijo. Que sabía su madre. En estos seis años su marido, había acuchillado literalmente su relación, al principio es verdad que realizó muchos ingresos en esa cuenta corriente que es la relación. Pero poco a poco se fueron espaciando y realizando fuertes reintegros. Seis años, seis. Como podía amenazarla su madre con el infierno si lo dejaba ahora, no entendía que en esos seis años, las señales que ella había emitido, las conversaciones, los llantos, las suplicas, si, suplicas, quizás me equivoqué, pero lo quería. Que hubiera trabajado duro por esta relación en estos seis años, no me vale que me diga ahora ¡Que vienen los rusos!
Susana, acababa de dejar su trabajo como becaria en el departamento de Marketing en una multinacional. Le había costado, una gran empresa, un futuro prometedor, pero estaba cansada, no, no físicamente. Llevaba cuatro años en ese puesto, llenos de promesas, de dedicación de días, de horas, reuniones interminables, dándolo todo, por un mísero sueldo. Su jefe, hace una hora, le había amenazado con no trabajar más en el sector, con una catástrofe de magnitud apocalíptica. Como podía amenazarla su jefe con el infierno si lo dejaba ahora, no entendía que en esos cuatro años, había dejado su vida para dedicársela a esa empresa. Que hubiera trabajado duro por su empleada en estos cuatro años, no me vale que me digas ahora ¡Que vienen los rusos!
Antonio, regresaba a su casa, llevaba varios días en la Puerta del Sol, se negaba a que lo etiquetaran como “indignado”. Tenía treinta años, estaba parado desde hacía tres y ya no cobraba prestación alguna. En un noticiario acababa de ver el cierre de campaña de los dirigentes políticos, el domino a votar. Una constante de todos, “ir a votar” esto fortalece a la democracia. Todos, todos amenazan con una catástrofe de dimensiones apocalípticas, la derecha es retroceso, recorte, la izquierda es el despilfarro, crisis. Como podían amenazarlo los políticos con el infierno si dejaba de votar, no entendían que en esos doce años, desde que pudo ir a votar había trabajado duro, creído en ellos. Que hubieran trabajado duro por sus ciudadanos, por su país en estos años, no me vale que me digan ahora ¡Que vienen los rusos!
El metro llegaba al final, con su señal de apertura de puertas, tres vidas, similares a no sé cuantos millones, tenían en sus manos, cambiar su destino y empezar una nueva a pesar de que vengan los rusos.
Joaquín Vidal Noviembre 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
Soldados
Niños jugando a ser hombres. La vida, sin siquiera sospecharlo, ya nos había enseñado los dientes. Cuantos sueños ahogados en alcohol. Noches de borracheras, mujeres abrazadas, maldiciones y golpes en el pecho, para terminar llorando y contando a quien nos quisiera escuchar que importante éramos antes de estar en esta cárcel, pidiendo a gritos regresar a casa.
Largas caminatas con equipo pesado, armas al hombro, una bazofia de rancho, mucho tabaco barato, prestado a veces, robado las más y pocas veces comprado.
Las ganas de volver a casa, eran junto con la nostalgia de nuestras anteriores vidas, nuestros sueños, acunados por el cielo estrellado, que nos arropaba noche tras noche en guardias interminables, calzados con varios pares de guantes y calcetines, mezclados con plástico para aguantar el frio.
La lluvia constante, la nieve, el barro, incomodo compañero que pasados los meses echabas de menos cuando amanecía un día soleado.
Después de dos años en ese infierno, vuelves a casa, que alegría, vas empujando con tu corazón el tren, corre, corre quiero ver a los míos, recuperar lo mío, dejar atrás estos meses de dolor,
Han pasado dos meses, estoy en mi tierra, en mi sitio, pero no lo reconozco. La ciudad no huele igual, mi familia, amigos, todo ha cambiado, en los bares el serrín del suelo no se pega a mis suelas. Mis grandes amigas ya no ríen con mis risas, hasta el alcohol me sabe diferente.
Aquí hoy, en mi ciudad estoy de noche de borrachera, mujeres abrazadas, maldiciones y golpes en el pecho, para terminar llorando y contando a quien me quiera escuchar que importante éra antes de estar en esta nueva cárcel, pidiendo a gritos regresar.
Joaquín Vidal
Noviembre 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
Matar Recibiendo ó creíste que eras la encarnación de todos mis sueños
Más de cien cigarros se habían apagado en ese cenicero y otros mil se habían consumido lentamente, llenando la habitación de un fuerte olor a tabaco. Una cama de matrimonio, un gran espejo de cristal en el techo, un pequeño armario, un portátil sobre un soporte en la pared, en el techo un pequeño plafón, iluminaba con una luz tenue la habitación. A la izquierda de la cama un pequeño bidé y dos pequeñas toallas con un bote de jabón decoraban la habitación.
Trini fumando nerviosa y con un ojo morado, testigo de una paliza reciente, recogía las prendas esparcidas por el suelo. Lloraba en silencio, tragándose las lagrimas, había pensado desaparecer pero este cabrón me cogió en la estación de autobuses, cuando pensó esto, le dio una patada simulada al “cerdo” que estaba tumbado boca abajo en la cama. Debería tener valor y clavarle unas tijeras en la espalda, se acabaría todo, pero este cabrón tiene ojos en la nuca, pensó.
-¿quieres que te traiga una copa o un café?- le pregunto mientras se acercaba, el hombre sin volverse, le dijo –puta, cállate, como te oiga otra vez te pongo morado el otro ojo. Trini, se llevó las manos a la boca para reprimir un gemido de rabia mientras con la otra mano le ponía los cuernos.
¿Cómo había llegado a esta situación? Ayer se las prometía felices, un golpe de suerte había llegado a su vida. Después de aguantar al baboso de Benito durante casi un año, todo se vino abajo. Que pensaba, ¿que era la encarnación de todos mis sueños? Pobre hombre. La culpa la tenían “La Charini y la Paqui”, sobre todo la primera, si no hubiera sido tan impulsiva ella ahora estaría con el mismo asco pero en el Caribe; pero no, no, tenía que dejarse llevar por la maldita rabia, mierda.
Tenía que intentar algo, salir, esconderse, ¿pero dónde? Le pediría ayuda al “Cuneta”, ese cerdo, ¿cómo podía yo esperar que me ayudara cuando me encontró? Ya está se lo diría a Rodrigo, ese no se enteraba de nada y seguro que la ayudaría. Empezó a meter ropa en una bolsa, los zapatos en la mano. Al coger el picaporte,- tu puta, donde vás- le dijo el hombre tendido en la cama, ella se volvió despacio, “El Machaca” le apuntaba con una pistola con silenciador, directamente a la cabeza. -¿Pensabas abandonarme? Jajajaj, vas a estar follando conmigo hasta que me canse, después, como no me dices lo que quiero saber, te voy a poner unos bonitos zapatos de cemento y al rio. La Trini, aflojó las piernas y un calor le bajó por las piernas, acababa de cagarse encima
Joaquín Vidal Agosto de 2011
Trini fumando nerviosa y con un ojo morado, testigo de una paliza reciente, recogía las prendas esparcidas por el suelo. Lloraba en silencio, tragándose las lagrimas, había pensado desaparecer pero este cabrón me cogió en la estación de autobuses, cuando pensó esto, le dio una patada simulada al “cerdo” que estaba tumbado boca abajo en la cama. Debería tener valor y clavarle unas tijeras en la espalda, se acabaría todo, pero este cabrón tiene ojos en la nuca, pensó.
-¿quieres que te traiga una copa o un café?- le pregunto mientras se acercaba, el hombre sin volverse, le dijo –puta, cállate, como te oiga otra vez te pongo morado el otro ojo. Trini, se llevó las manos a la boca para reprimir un gemido de rabia mientras con la otra mano le ponía los cuernos.
¿Cómo había llegado a esta situación? Ayer se las prometía felices, un golpe de suerte había llegado a su vida. Después de aguantar al baboso de Benito durante casi un año, todo se vino abajo. Que pensaba, ¿que era la encarnación de todos mis sueños? Pobre hombre. La culpa la tenían “La Charini y la Paqui”, sobre todo la primera, si no hubiera sido tan impulsiva ella ahora estaría con el mismo asco pero en el Caribe; pero no, no, tenía que dejarse llevar por la maldita rabia, mierda.
Tenía que intentar algo, salir, esconderse, ¿pero dónde? Le pediría ayuda al “Cuneta”, ese cerdo, ¿cómo podía yo esperar que me ayudara cuando me encontró? Ya está se lo diría a Rodrigo, ese no se enteraba de nada y seguro que la ayudaría. Empezó a meter ropa en una bolsa, los zapatos en la mano. Al coger el picaporte,- tu puta, donde vás- le dijo el hombre tendido en la cama, ella se volvió despacio, “El Machaca” le apuntaba con una pistola con silenciador, directamente a la cabeza. -¿Pensabas abandonarme? Jajajaj, vas a estar follando conmigo hasta que me canse, después, como no me dices lo que quiero saber, te voy a poner unos bonitos zapatos de cemento y al rio. La Trini, aflojó las piernas y un calor le bajó por las piernas, acababa de cagarse encima
Joaquín Vidal Agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Me pierdo en este mar
La puerta entreabierta, el zócalo a media altura, protegido por una madera barnizada, un azul más intenso en la parte de abajo de la pared combinado con otro más claro hasta el techo, estaba en un hospital. La cabeza me dolía terriblemente. Solo en una habitación, que raro, normalmente se compartía con tres o cuatro personas. ¿Pero qué demonios había pasado? Se palpó el resto del cuerpo hasta donde alcanzaba, no, no tenía nada roto, parece que solo tenía lesiones en la cabeza. Levanto la sabana, quería identificar por la ropa quien era, que había pasado, no recordaba nada. De pronto escucho ruido en la puerta y el picaporte giró despacio, cerro los ojos, dejando solo una ranura. Una enfermera entró seguida de dos individuos, hablaban en voz baja, el que entró primero detrás de la mujer, asentía con la cabeza, ella le daba instrucciones, mientras la miraba fijamente, en sus ojos un velo de preocupación ¿Quién serían esos dos tipos? Su aspecto no le tranquilizaba, sus ropas y maneras por lo poco que había podido ver, eran de dos “buscavidas” Dios mío que dolor de cabeza. De pronto uno de ellos se acercó, le abrazó y medio llorando le pedía perdón, ¿pero porque? ¿Lo habían atropellado, iban a matarlo? Empezó a sudar. El otro individuo, miraba continuamente por la ventana y se frotaba el pelo, parecía un gesto mecánico. Enseguida los dos le dieron un último abrazo y salieron, el del pelo al salir le decía ¡Oh Dios mío, dios mío!! Mientras se frotaba el pelo!
No habían pasado más de dos minutos y la puerta se volvió a abrir, un médico entró seguido de la misma enfermera. Vamos a ver, -Braulio, como estas, le dijo él mientras miraba el historial- nada hombre nada, un fuerte golpe en la cabeza, el examen no revela ningún daño, vamos a tenerlo 24 h en observación y después a casa, le dijo a la enfermera y salieron.
Braulio, se llamaba Braulio. En ese momento un torrente de información se abrió paso en su cerebro, su vida pasó en segundos y se acordó lo que había pasado, empezó a reírse al recordar la escena de la reciente visita. Poco a poco se fue tranquilizando.
De pronto entre esos recuerdos, inevitablemente se acordó de Loli. Ayer estuvo a punto de hablar con Benito, ese infame mujeriego, borracho, despreciable. Yo trabajaba de seguridad el día que Loli y él se conocieron en el campo del Betis. Yo me enamore de ella y él la sedujo.
Después hable varias veces con ella, mientras la veía como se iba autodestruyendo día a día y el malnacido de Benito la ignoraba. Hace unos días Loli le escribió unas pocas líneas, palabras de una desesperada, de alguien que no espera nada más de la vida. Él le ayudaría a recomponer su vida, solo ella y yo.
Este es el mar, ¿sientes como te mece? nunca he podido, ni puedo, pedir que las olas sean grandes o pequeñas, que no llueva o que el viento amaine.
Siempre debo pero no siempre quiero o puedo, untar de grasa las hendiduras, pintar y repintar, recoger trozos de otras naves hundidas tras el temporal, alegrarme o llorar cuando en el horizonte diviso una vela.
A veces, he recogido a un naufrago, hemos navegado pero cuando no habían pasado más que unas pocas horas, la embarcación se hacía más y más pequeña. A gritos hemos tomado una decisión, acercarnos a un puerto y terminar con esta convivencia, o eso o saltar por la borda.
Hoy no quiero recoger a nada ni a nadie más, solo recoger el agua de lluvia, pescar y comer lo necesario para perderme en este mar.
Agosto 2011
No habían pasado más de dos minutos y la puerta se volvió a abrir, un médico entró seguido de la misma enfermera. Vamos a ver, -Braulio, como estas, le dijo él mientras miraba el historial- nada hombre nada, un fuerte golpe en la cabeza, el examen no revela ningún daño, vamos a tenerlo 24 h en observación y después a casa, le dijo a la enfermera y salieron.
Braulio, se llamaba Braulio. En ese momento un torrente de información se abrió paso en su cerebro, su vida pasó en segundos y se acordó lo que había pasado, empezó a reírse al recordar la escena de la reciente visita. Poco a poco se fue tranquilizando.
De pronto entre esos recuerdos, inevitablemente se acordó de Loli. Ayer estuvo a punto de hablar con Benito, ese infame mujeriego, borracho, despreciable. Yo trabajaba de seguridad el día que Loli y él se conocieron en el campo del Betis. Yo me enamore de ella y él la sedujo.
Después hable varias veces con ella, mientras la veía como se iba autodestruyendo día a día y el malnacido de Benito la ignoraba. Hace unos días Loli le escribió unas pocas líneas, palabras de una desesperada, de alguien que no espera nada más de la vida. Él le ayudaría a recomponer su vida, solo ella y yo.
Este es el mar, ¿sientes como te mece? nunca he podido, ni puedo, pedir que las olas sean grandes o pequeñas, que no llueva o que el viento amaine.
Siempre debo pero no siempre quiero o puedo, untar de grasa las hendiduras, pintar y repintar, recoger trozos de otras naves hundidas tras el temporal, alegrarme o llorar cuando en el horizonte diviso una vela.
A veces, he recogido a un naufrago, hemos navegado pero cuando no habían pasado más que unas pocas horas, la embarcación se hacía más y más pequeña. A gritos hemos tomado una decisión, acercarnos a un puerto y terminar con esta convivencia, o eso o saltar por la borda.
Hoy no quiero recoger a nada ni a nadie más, solo recoger el agua de lluvia, pescar y comer lo necesario para perderme en este mar.
Agosto 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
LA VIDA ES UN LABERINTO, SIN SEÑALES
No he tenido más remedio que sentarme en este banco, lo he vuelto a sentir, un escalofrió me recorre la espina dorsal, en el cuello, una rigidez molesta pero apenas dolorosa atenaza los músculos del cuello. El sol del Mediterráneo, baña mi cuerpo, solo necesito unos minutos para recuperarme físicamente, el ánimo, mi ánimo, sin que yo pueda gobernarlo, ese, tardará más, tanto o tan poco que no puedo saberlo.
Las personas que pasean a mí alrededor, no me prestan atención, es tan habitual, estar sentada una mañana de primavera al sol, frente al mar en esta parte de esta ciudad. Si pudieran ¿si pudieran? Quiero decir si yo pudiera penetrar en mi interior, encontrar el principio y lo que más deseo, el fin de este insufrible martirio y ofrecerlo a mis seres queridos. Me doy cuenta a veces, que otra mujer sale a ratos de mi interior, una mujer desconocida con un temperamento extraño, desconocida incluso para mi, pero esa ansiedad, ese desanimo, tiene sus garras clavadas en mí y sinceramente lucho cada hora, cada minuto para dejarlo atrás. Dicen que es el mal de nuestro tiempo, que a la mayoría de personas le ocurre con más o menos intensidad. He dado un paso muy importante, pedir ayuda médica, dicen que es el principio del fin, la luz al final del tunel.
El sol me ha fortalecido, voy a volver a intentarlo, lo mejor que tengo, mi voluntad; voluntad fortalecida por mi pareja, mi hijo y mi hija pequeña, que en silencio, me acompañan en este transito que pronto voy a dejar atrás.
Amelia Salmerón
Enero 2010
Las personas que pasean a mí alrededor, no me prestan atención, es tan habitual, estar sentada una mañana de primavera al sol, frente al mar en esta parte de esta ciudad. Si pudieran ¿si pudieran? Quiero decir si yo pudiera penetrar en mi interior, encontrar el principio y lo que más deseo, el fin de este insufrible martirio y ofrecerlo a mis seres queridos. Me doy cuenta a veces, que otra mujer sale a ratos de mi interior, una mujer desconocida con un temperamento extraño, desconocida incluso para mi, pero esa ansiedad, ese desanimo, tiene sus garras clavadas en mí y sinceramente lucho cada hora, cada minuto para dejarlo atrás. Dicen que es el mal de nuestro tiempo, que a la mayoría de personas le ocurre con más o menos intensidad. He dado un paso muy importante, pedir ayuda médica, dicen que es el principio del fin, la luz al final del tunel.
El sol me ha fortalecido, voy a volver a intentarlo, lo mejor que tengo, mi voluntad; voluntad fortalecida por mi pareja, mi hijo y mi hija pequeña, que en silencio, me acompañan en este transito que pronto voy a dejar atrás.
Amelia Salmerón
Enero 2010
Cuéntame si alguna vez lloras, cuéntame como te va
El roce de cientos de zapatillas de esparto me despierta. La cera adherida al suelo hace que el sonido sea especial, mezclado con el humo de los cirios, el olor a azahar y el silencio que rodea el paso del señor Nazareno.
Todo eso unido a las sensaciones del resto de los cuatro sentidos entran en mi alma, “ a borbotones”. Se unen a mis recuerdos, a horas vividas, silencios de las personas que me rodean, que a veces gritamos juntos, que la vida nos pasa por encima, ora muy rápido, ora más lento.
Me pregunto ¿qué tabla de ejercicio, es la adecuada, como conseguir musculatura en el alma?
Te pido que vuelvas a nacer día a día, trences sentimientos, fortaleza física.Con solo ser como eres, no en mucho tiempo, las espinas se volverán rosas por donde caminaras, ora muy rápido, ora más lento.
El palio con manto azul se aleja con música celestial detrás, un año más le digo adiós, hasta el próximo, espero que entonces estemos en nuestro sitio.
A Nuria
Joaquín Vidal
Marzo 2008
Todo eso unido a las sensaciones del resto de los cuatro sentidos entran en mi alma, “ a borbotones”. Se unen a mis recuerdos, a horas vividas, silencios de las personas que me rodean, que a veces gritamos juntos, que la vida nos pasa por encima, ora muy rápido, ora más lento.
Me pregunto ¿qué tabla de ejercicio, es la adecuada, como conseguir musculatura en el alma?
Te pido que vuelvas a nacer día a día, trences sentimientos, fortaleza física.Con solo ser como eres, no en mucho tiempo, las espinas se volverán rosas por donde caminaras, ora muy rápido, ora más lento.
El palio con manto azul se aleja con música celestial detrás, un año más le digo adiós, hasta el próximo, espero que entonces estemos en nuestro sitio.
A Nuria
Joaquín Vidal
Marzo 2008
sábado, 30 de julio de 2011
Ricardo Capdevilla
Ricardo Capdevilla
Una noche calurosa, finales de Julio. Un teatro nuevo en una plaza antigua, una gran torre de iglesia enhiesta a su lado comparte de mala gana el espacio. En la plaza las mesas, sillas y una barra de bar con una gran bandeja de manzanas, rojas y amarillas recuerdan a las fiestas de los pueblos de los años sesenta. Cuando anochece la plaza reúne a una multitud de personas, forasteros y locales, la fiesta ha dado comienzo. Con muchas ganas, ilusión, emoción y nerviosismo, van entrando en el teatro.
En cuanto empieza el espectáculo, el público guarda silencio, como si estuvieran en la Real Maestranza, enseguida la aparición de Ricardo dibuja sonrisas que pronto se convierten en carcajadas. Ricardo, como maestro de ceremonias, armoniza, dirige y exterioriza los sentimientos que lleva dentro. Poco a poco, el público sin dejar de reírse, va compartiendo su soledad, su andar en la vida con pesadas cosas en su carrito. También se enamora, como él, fugazmente de una bella desconocida que desde la primera fila, extasiada, sigue sus movimientos por el escenario. Una breve conversación con un tendero del lugar da paso a su encuentro con su yo, que le lleva al final a ser él mismo e invitar a los presentes a que se le unan en esa constante lucha de encontrarse.
Los aplausos y gritos certifican la gran velada teatral a la que han asistido.
Al salir Ricardo, espera, quiere despedirse de su público esa primera noche con un gran abrazo, dejando con un roce de su piel un poco de él mismo.
En la plaza, avanzada la noche, casi de madrugada, un teatro nuevo en una plaza antigua, una gran torre de iglesia enhiesta a su lado comparte de mala gana el espacio, las mesas, sillas y una barra de bar con una gran bandeja de manzanas, rojas y amarillas recuerdan a las fiestas de los pueblos de los años sesenta.
Joaquín Vidal
Julio 2011
Una noche calurosa, finales de Julio. Un teatro nuevo en una plaza antigua, una gran torre de iglesia enhiesta a su lado comparte de mala gana el espacio. En la plaza las mesas, sillas y una barra de bar con una gran bandeja de manzanas, rojas y amarillas recuerdan a las fiestas de los pueblos de los años sesenta. Cuando anochece la plaza reúne a una multitud de personas, forasteros y locales, la fiesta ha dado comienzo. Con muchas ganas, ilusión, emoción y nerviosismo, van entrando en el teatro.
En cuanto empieza el espectáculo, el público guarda silencio, como si estuvieran en la Real Maestranza, enseguida la aparición de Ricardo dibuja sonrisas que pronto se convierten en carcajadas. Ricardo, como maestro de ceremonias, armoniza, dirige y exterioriza los sentimientos que lleva dentro. Poco a poco, el público sin dejar de reírse, va compartiendo su soledad, su andar en la vida con pesadas cosas en su carrito. También se enamora, como él, fugazmente de una bella desconocida que desde la primera fila, extasiada, sigue sus movimientos por el escenario. Una breve conversación con un tendero del lugar da paso a su encuentro con su yo, que le lleva al final a ser él mismo e invitar a los presentes a que se le unan en esa constante lucha de encontrarse.
Los aplausos y gritos certifican la gran velada teatral a la que han asistido.
Al salir Ricardo, espera, quiere despedirse de su público esa primera noche con un gran abrazo, dejando con un roce de su piel un poco de él mismo.
En la plaza, avanzada la noche, casi de madrugada, un teatro nuevo en una plaza antigua, una gran torre de iglesia enhiesta a su lado comparte de mala gana el espacio, las mesas, sillas y una barra de bar con una gran bandeja de manzanas, rojas y amarillas recuerdan a las fiestas de los pueblos de los años sesenta.
Joaquín Vidal
Julio 2011
lunes, 25 de julio de 2011
Sentirte Andaluza
La sal, el yodo de esas playas, azota mi sentido del olfato cada vez que las visito.
¿Qué te parece el Mar Atlantico? ¿Es diferente a tu Mediterráneo?
son diferentes, la temperatura, la arena, las rocas, las gentes, todo, todo es diferente incluso el color del agua.
Se te nota que cuando pisas la arena de Chipiona, en menos de un segundo, recuperas tus raíces como si una energía que emerge de la tierra subiera por las plantas de tus pies. Te cambia el acento, te sientes andaluza. Yo, año tras año, alimento, al principio conscientemente y ahora solo con mirarte a los ojos, adivino, que estas deseando sentirte andaluza.
Cuando cruzas Despeñaperros y vuelves a tu hogar, recompones tu figura, guardas en tu corazón los días pasados y afrontas la vida con determinación sintiéndote de allí, de la tierra que te ha acogido y que hoy, también sientes tuya.
Esa dualidad perfecta, sin conflictos, cogiendo lo mejor de la cada cultura es la que te hace caminar por la vida a mi juicio, con soltura, sin presumir o avergonzarte de nada.
Hoy, cuando cumples quince años, soy feliz. Han pasado muchos años. No siempre podemos estar juntos, te echo de menos. Administramos nuestros encuentros con celo, cuando estamos separados vivimos, como si estuviéramos juntos cada día, cuando podemos vernos, nos abrazamos como si regresáramos de una salida de solo diez minutos. Hasta las despedidas las hemos convertido en algo rutinario procurando causar el menor daño posible en nuestros corazones.
Quince años, una adolescente en toda la extensión de la palabra. No sé qué decirte, yo los viví y quiero que tú lo vivas a tu manera y solo recordarte que tu padre está aquí. Una sola cosa, procura (no siempre se puede o se debe) que tu corazón y tu cerebro vayan a la par, solo eso.
En fin, mi pequeña andaluza, besos a millones. Feliz Cumpleaños Julia, de tu padre.
Joaquín Nieto 26/7/2011
¿Qué te parece el Mar Atlantico? ¿Es diferente a tu Mediterráneo?
son diferentes, la temperatura, la arena, las rocas, las gentes, todo, todo es diferente incluso el color del agua.
Se te nota que cuando pisas la arena de Chipiona, en menos de un segundo, recuperas tus raíces como si una energía que emerge de la tierra subiera por las plantas de tus pies. Te cambia el acento, te sientes andaluza. Yo, año tras año, alimento, al principio conscientemente y ahora solo con mirarte a los ojos, adivino, que estas deseando sentirte andaluza.
Cuando cruzas Despeñaperros y vuelves a tu hogar, recompones tu figura, guardas en tu corazón los días pasados y afrontas la vida con determinación sintiéndote de allí, de la tierra que te ha acogido y que hoy, también sientes tuya.
Esa dualidad perfecta, sin conflictos, cogiendo lo mejor de la cada cultura es la que te hace caminar por la vida a mi juicio, con soltura, sin presumir o avergonzarte de nada.
Hoy, cuando cumples quince años, soy feliz. Han pasado muchos años. No siempre podemos estar juntos, te echo de menos. Administramos nuestros encuentros con celo, cuando estamos separados vivimos, como si estuviéramos juntos cada día, cuando podemos vernos, nos abrazamos como si regresáramos de una salida de solo diez minutos. Hasta las despedidas las hemos convertido en algo rutinario procurando causar el menor daño posible en nuestros corazones.
Quince años, una adolescente en toda la extensión de la palabra. No sé qué decirte, yo los viví y quiero que tú lo vivas a tu manera y solo recordarte que tu padre está aquí. Una sola cosa, procura (no siempre se puede o se debe) que tu corazón y tu cerebro vayan a la par, solo eso.
En fin, mi pequeña andaluza, besos a millones. Feliz Cumpleaños Julia, de tu padre.
Joaquín Nieto 26/7/2011
viernes, 15 de julio de 2011
Feliz cumpleaños Julia
Veintiséis mil adioses entregados y recibidos en estos quince años
Siete veces he visto sombras en tu rostro.
Mil besos me han transmitido tus ojos.
Novecientos suspiros por tu cercanía o lejanía.
Noventa veces he pensado en tirar la toalla.
Seis veces que no recuerdo haber dejado de pensar en ti en estos quince años.
Junto a ti, uno más de tus cabellos quiero ser.
Libre no quiero ser, solo estar junto a ti.
Idas y venidas por tu corazón.
A voces voy gritando. FELIZ QUINCE CUMPLEAÑOS, MI JULIA 2011
Joaquín Vidal
Julio 2011
Julio 2011
Veintiséis mil adioses entregados y recibidos en estos quince años.
Siete veces he visto sombras en tu rostro en estos quince años.
Mil besos me han transmitido tus ojos en estos quince años.
Novecientos suspiros por tu cercanía o lejanía en estos quince años.
Noventa veces he pensado en tirar la toalla en estos quince años.
Seis veces que no recuerdo que he dejado de pensar en ti en estos quince años.
Junto a ti,
Uno más de tus cabellos quiero ser,
Libre no quiero ser, solo estar junto a ti
Idas y venidas por tu corazón
A voces voy gritando,
FELIZ QUINCE CUMPLEAÑOS, MI JULIA 2011
Joaquín Vidal
Julio 2011
Siete veces he visto sombras en tu rostro en estos quince años.
Mil besos me han transmitido tus ojos en estos quince años.
Novecientos suspiros por tu cercanía o lejanía en estos quince años.
Noventa veces he pensado en tirar la toalla en estos quince años.
Seis veces que no recuerdo que he dejado de pensar en ti en estos quince años.
Junto a ti,
Uno más de tus cabellos quiero ser,
Libre no quiero ser, solo estar junto a ti
Idas y venidas por tu corazón
A voces voy gritando,
FELIZ QUINCE CUMPLEAÑOS, MI JULIA 2011
Joaquín Vidal
Julio 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Me pregunto quien hizo la foto
Tengo que salir un rato, cruzar la plaza y sentarme en el bar de Manolo. Todos los acontecimientos de hoy, me tienen machacada.
Loli, sin siquiera despedirse, cruzo el pasillo, en su mano dos billetes de 20 euros bien apretados. La gente que espera en el descansillo de la escalera le hace sitio, ella, tambaleándose y con la otra mano libre, agarrándose los dos últimos botones de la bata. En los pies unas zapatillas de tela, coronadas con una pelusa rosa fuerte. Baja los escalones como puede. En la puerta de la calle, pequeños grupos reunidos, murmurando; le da igual, hace muchos meses que decidió dejar salir a la verdadera Loli.
Se ha bebido los restos de la ginebra que le sobró de anoche. Totalmente alcoholizada, camina con paso inseguro por la plaza en dirección al bar, de pronto, se le acerca un chico joven, - Oiga por favor, ¿nos puede hacer una foto? Loli, hace un esfuerzo por girar la cabeza e identificar el lugar de donde le hablan. – Mmmm ¿una foto? Un chico joven de unos 30 años le tendía la mano con la cámara. Detrás un grupo de unas doce personas, se posicionaban en el pórtico de la iglesia. Los más jóvenes ocupando el escalón más bajo. Loli, con mano temblorosa y armándose de valor, se acercó la cámara a la cara y disparó. Le devolvió la cámara al joven que se la dio y sin siquiera mirar atrás cruzó rápidamente la plaza y se metió en el bar de Manolo.
-Manolo, ponme un copazo- dijo Loli, -¿un copazo?- le respondió el camarero. Loli se irritó, más por la voz extraña que había pronunciado esas palabras, que por la tardanza en poner la copa. En ese momento un fuerte dolor le atravesó la cabeza, solo quería su copa, beber y beber, no hablar, quería alguien en la barra que le pusiera copa tras copa, en silencio. La que hablaría sería ella. - Ponme una copa de ginebra y deja la botella a mano y me vas sirviendo cuando veas que el vaso está vacío- y lo más importante, siguió Loli, - en silencio, no quiero preguntas- y diciéndole esto le arrojó los dos billetes arrugados que tenía en su mano.
Cuando se había bebido el primer vaso, empezó a relatar una letanía. Muchacho, tu no me conoces, esta Loli, no siempre ha sido así. Ahora, estoy aquí, soy un resto del naufragio de Benito, mi marido, si mi marido, bueno no estamos casados, pero como si lo estuviéramos. Diez años llevo con él, diez años que me han parecido toda una vida, aunque si te soy sincera, desde hace tres, si tres años, desde que… - en ese momento se bebió de golpe el vaso de ginebra y se puso a llorar desconsoladamente- maldito cabrón. Hace diez años, yo, la Loli, era una mujer deseada por todos, tenía una carrera, una vida, decenas de hombres tras mis pasos, dinero, fama, coches, jajajjaj, pero una noche, cuando el Real Betis Balompié ganó la Copa del Rey, me invitaron al palco del Estadio, si esa noche estaba yo allí.
Al principio, no me fijé en el, era un camarero más del catering, pero su porte distinguido, sus modales, sus maneras, no sé qué historia me contó entre canapé y copa, lo cierto es que terminamos follando como locos en el servicio Vip del palco. Ese polvo siguió a otro, en otro sitio otro día y al final se me metió en la sangre y a partir de ahí fue como una droga para mí. Lo que sigue, es la historia de la vida misma, el alcohol y la droga fue sustituyendo al sexo, sus maneras, sus buenos modales, dejaron paso a los insultos y a la indiferencia. Ahora dice que lo que nos diferencia es su linaje, que es vizconde jajajajaj. Al decir esto Loli, tiró la botella, cayendo al suelo pesadamente.
Joaquin Vidal- Julio 2011
Loli, sin siquiera despedirse, cruzo el pasillo, en su mano dos billetes de 20 euros bien apretados. La gente que espera en el descansillo de la escalera le hace sitio, ella, tambaleándose y con la otra mano libre, agarrándose los dos últimos botones de la bata. En los pies unas zapatillas de tela, coronadas con una pelusa rosa fuerte. Baja los escalones como puede. En la puerta de la calle, pequeños grupos reunidos, murmurando; le da igual, hace muchos meses que decidió dejar salir a la verdadera Loli.
Se ha bebido los restos de la ginebra que le sobró de anoche. Totalmente alcoholizada, camina con paso inseguro por la plaza en dirección al bar, de pronto, se le acerca un chico joven, - Oiga por favor, ¿nos puede hacer una foto? Loli, hace un esfuerzo por girar la cabeza e identificar el lugar de donde le hablan. – Mmmm ¿una foto? Un chico joven de unos 30 años le tendía la mano con la cámara. Detrás un grupo de unas doce personas, se posicionaban en el pórtico de la iglesia. Los más jóvenes ocupando el escalón más bajo. Loli, con mano temblorosa y armándose de valor, se acercó la cámara a la cara y disparó. Le devolvió la cámara al joven que se la dio y sin siquiera mirar atrás cruzó rápidamente la plaza y se metió en el bar de Manolo.
-Manolo, ponme un copazo- dijo Loli, -¿un copazo?- le respondió el camarero. Loli se irritó, más por la voz extraña que había pronunciado esas palabras, que por la tardanza en poner la copa. En ese momento un fuerte dolor le atravesó la cabeza, solo quería su copa, beber y beber, no hablar, quería alguien en la barra que le pusiera copa tras copa, en silencio. La que hablaría sería ella. - Ponme una copa de ginebra y deja la botella a mano y me vas sirviendo cuando veas que el vaso está vacío- y lo más importante, siguió Loli, - en silencio, no quiero preguntas- y diciéndole esto le arrojó los dos billetes arrugados que tenía en su mano.
Cuando se había bebido el primer vaso, empezó a relatar una letanía. Muchacho, tu no me conoces, esta Loli, no siempre ha sido así. Ahora, estoy aquí, soy un resto del naufragio de Benito, mi marido, si mi marido, bueno no estamos casados, pero como si lo estuviéramos. Diez años llevo con él, diez años que me han parecido toda una vida, aunque si te soy sincera, desde hace tres, si tres años, desde que… - en ese momento se bebió de golpe el vaso de ginebra y se puso a llorar desconsoladamente- maldito cabrón. Hace diez años, yo, la Loli, era una mujer deseada por todos, tenía una carrera, una vida, decenas de hombres tras mis pasos, dinero, fama, coches, jajajjaj, pero una noche, cuando el Real Betis Balompié ganó la Copa del Rey, me invitaron al palco del Estadio, si esa noche estaba yo allí.
Al principio, no me fijé en el, era un camarero más del catering, pero su porte distinguido, sus modales, sus maneras, no sé qué historia me contó entre canapé y copa, lo cierto es que terminamos follando como locos en el servicio Vip del palco. Ese polvo siguió a otro, en otro sitio otro día y al final se me metió en la sangre y a partir de ahí fue como una droga para mí. Lo que sigue, es la historia de la vida misma, el alcohol y la droga fue sustituyendo al sexo, sus maneras, sus buenos modales, dejaron paso a los insultos y a la indiferencia. Ahora dice que lo que nos diferencia es su linaje, que es vizconde jajajajaj. Al decir esto Loli, tiró la botella, cayendo al suelo pesadamente.
Joaquin Vidal- Julio 2011
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