Esta historia imaginaria, es reflejo de la manera que nos comunicamos hoy, una parte de la sociedad actual
El tren AVE, que gran invento, desde su implantación en este país, con motivo de la Expo 92 de Sevilla, ha ido mejorando año tras año.
Julia, viajaba desde Barcelona directo a Sevilla, en la estación, la esperaba su tía; su padre, se incorporaría más tarde, Julia, aporreaba rápidamente las teclas de su mini- ordenador, sentada en un asiento individual dentro del vagón. En sus orejas dos auriculares In-ear conectaban su MP4, el viaje duraba cinco horas, había salido desde la estación de Sants en Barcelona a las 9h y llegaría sobre las 14,15h.
Una camarera, se acercó y le dejó el folleto del menú en la pequeña mesa, esta era una de las ventajas de viajar en preferente, te atendían especialmente ¿vas a tomar algo del menú? Julia, no reparó en su presencia hasta pasado unos segundos, movió la cabeza negativamente y le dijo ¡! Boy a tomr un bcdilo!! ¿Perdona? le pregunto la azafata, Julia, apartó unos segundos la mirada de su minipantalla y le hizo con ademanes su petición, la azafata amago una sonrisa y se alejo, pensando, esta juventud está perdiendo el habito de hablar, con tanta tecnología.
Julia, se comió su bocata mientras escribía, tenía una velocidad increíble, producto de las largas horas que pasaba en Internet, con las redes sociales y programas de Chat, con solo quince años, había llegado un momento en que su relación con las demás personas, las prefería a través de su ordenador, del que no se separaba ni para dormir, algunas noches, se había desvelado y sin que su madre se enterara, se había conectado. Cuando le daban alguna razón, ella contestaba; envíame un email, incluso cuando iba a casa de las amigas, la diversión consistía en conectarse al ordenador o chatear a través del móvil.
Cuando llevaba tres horas de viaje aproximadamente, el tren se detuvo en Madrid, en el andén le llamo la atención un chico joven que por equipaje, solo llevaba una funda negra de guitarra, el joven iba en su mismo vagón, se sentó en el asiento del otro lado del pasillo, ella, siguió con su ordenador, mientras el tren arrancaba.
En un momento él le dijo ¿vas a Sevilla? Julia asintió con la cabeza y siguió con lo suyo, sin querer darle continuidad a la conversación, Asier, que así se llamaba el muchacho, continuó hablando en voz alta, en un momento se volvió a Julia otra vez y le dijo, cuéntame un sueño, ella levanto la vista del ordenador mientras se quitaba un auricular ¡cuéntame un sueño! volvió a decirle, me llamo Asier, tú me cuentas un sueño, alguna cosa con la que hayas soñado, yo te escribo tu sueño y te lo llevas en tu maletín, Julia, estaba sorprendida ¿un sueño, a un desconocido? le dijo Julia, Asier, esbozó una sonrisa, por eso mismo dijo, soy un desconocido, nunca más volverás a verme, porqué no contarle algo a alguien que no vas a volver a ver, a un desconocido, un desconocido que al bajar del tren se perderá entre la multitud y se llevará uno de tus sueños. Si no se cumple, lo olvidaras, pero si se llega a cumplir, siempre te acordarás de mí.
Julia, se repuso, eres original, le dijo, si lo reconozco, pero mi mundo está en esta cajita blanca, mi ordenador, a través de él cuento y escucho los sueños, no utilizo las palabras, esto es más potente que la palabra, puedo estar comunicada con el mundo, esto es mi vida ¿mi sueño, dices? Mi sueño es, tener un procesador injertado en el cerebro para poder estar en permanente conexión, Asier, la miró con pena, un sueño muy triste, estar conectada con una máquina, le dijo mientras cogía su guitarra, con voz baja, empezó a canturrear una canción, mientras se alejaba, Julia, se volvió a colocar su auricular y centró su atención en su ordenador.
Cuando el tren estaba llegando a Sevilla, recibió un sms de su tía, se retrasaría una media hora. Julia, bajo del tren, los andenes estaban repletos de viajeros, arrastrando sus maletas en dirección a la salida, las rampas mecánicas, atestadas, subían lentamente, ella, con su MP4 solo atendía su música, se paró en las tienda de revistas, esperando que hubiera salido el número de este mes de su revista preferida, siguió andando hasta un banco múltiple de tres plazas que inusualmente estaba vació. En ese momento se oyó un murmullo, como una protesta, una exclamación de horror, algo había pasado, Julia miró a su alrededor, todo el mundo miraba alternativamente a las pantallas de la estación, su teléfono móvil y las personas que tenían a su alrededor.
Todos los paneles de información de la estación estaban apagados, Julia, no se percató mientras encendía su ordenador, sacó su teléfono móvil para llamar a su tía, pero no tenía señal, que contrariedad, bueno, le enviaría un mensaje desde Internet, su estupefacción se torno en pesadilla, no podía conectarse, lo reinició dos, tres veces, pero nada, mientras, el nerviosismo crecía a su alrededor.
Llevaba diez minutos en Sevilla, que terrible ¿qué haría? No dejaba de mirar su móvil, no podía llamar,.
Su tia llegó acalorada, con pasos rápidos, aaaaaahi mi sobrina, las dos se abrazaron, Tita ¿q a psd?le dijo Julia, su tía la miró ¿niña que te pasa? ¿Quieres hablar bien? No te entretengas Julia, no se que ha pasado, pero el teléfono móvil, los semáforos, todo ha dejado de funcionar, hasta la radio. Mientras se alejaba, vio a Asier sentado en un rincón tocando su guitarra ¿es que a él no le afectaban estas cosas?
De regreso a casa, todo fue un caos, coches cruzados en las calles, el trayecto que habitualmente tardaba en recorrer no más de treinta minutos se convirtieron en seis horas.
Julia, estaba desorientada, por la calle, coches de la policía, invitaban a los ciudadanos a salir a la calle solo lo imprescindible, patrullaban para evitar el pánico e informar a la población, no funcionaba nada que fuera electrónico, no había explicación posible.
Había pasado una semana, largas colas de personas estaban formadas para recoger alimentos y agua, Julia, parecía una flor fuera de su tiesto, mustia, con los ojos llorosos, llevaba una semana sin comunicarse con nadie, todos sus “artilugios” electrónicos estaban metidos en una bolsa, no servían para nada. Los dos primeros días espero un milagro, no dormía apenas, intentaba encenderlos a cada minuto, el paso de las horas fue diluyendo su atención hasta que finalmente se dio por vencida.
Echaba de menos a su madre, no podía comunicarse con ella, un precario sistema de correos parecía que empezaba a funcionar, con animales de carga, había oído que tardarían en llegar a Barcelona, una semana, una semana, cuantas cosas tenía que contarle a sus amigas, pero no tenía el medio, como expresar sus vivencias, como expresar lo que sentía.
Al amanecer del décimo día decidió salir sola a la calle del pueblo donde vivía su padre, la calle, aparecía desierta, en uno de los extremos había un pequeño jardín con dos bancos, y una pequeña fuente, miró a su alrededor, se sorprendió, veía las cosas ¿de otro color? Ese árbol, esas flores blancas que bien huelen, el aire, el ruido del agua de la fuente, que bonito, desde hacía un par de días se fijaba en cosas que antes no veía, mientras pensaba todas esas cosas, cerro los ojos quería respirar ese aire, ese olor limpio…… Hola, el otro día te fuiste y no me dijiste tu nombre, abrió los ojos, se asusto, el muchacho del tren estaba frente a ella, me llamo Julia, dijo con cierto nerviosismo, ¿puedo sentarme a tu lado? Dijo Asier, mientras se sentaba ¿siempre vas con tu guitarra? le pregunto ella, Asier contesto, me encanta tocar, su sonido ejerce un bálsamo curativo con las personas, mientras acariciaba las cuerdas, desgranando un acorde lleno de sentimientos, toco durante varios minutos, Julia estaba encantada , en aquel sitio, con ese olor, la música, le daban ganas de bailar y cantar, cuando termino de tocar varios jóvenes se asomaban tímidamente en las esquinas de la plaza, Asier se arranco otra vez con la música y Julia, noto como algo que salía de su interior, empezó a cantar, al principio bajito, pero poco a poco empezó a subir el tono, sintiéndose como volando, sin ningún pudor, cantaba encima del banco. En pocos minutos se habían congregado en la plaza quince o veinte jóvenes que bailaban al ritmo de la música. Julia, se arranco con una segunda canción, se notaba fuerte, con ganas de cantar de expresar, se sentía bien con toda aquella gente a su alrededor, que la aclamaba y bailaba con su música, había olvidado su ordenador, su móvil, quería hablar cara a cara con la gente, disfrutar del calor humano, bailaron durante horas, todos cantaron. Regresó a su casa entrada la noche, feliz y contenta, había descubierto un nuevo mundo.
Joaquín vidal
Noviembre de 2009
He querido volcar en esta ventana, lo que escribo. Ni estan todos los que son, ni son todos los que estan, pero poco a poco ire recopilando y publicando.
sábado, 30 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
mujermadremujer mujermadremujer
Mama Ana Maria
Una vez más y sé que no es la última, has vuelto a dirigirme.
Una vez más me alegro tenerte a mi lado.
Una vez mas eres espejo donde mirarme.
Una vez más y siempre has sido, mi madre.
Que suerte ha tenido mi padre teniendo una mujer como tu.
Que suerte sentirte en el sitio justo siempre.
Que suerte contar con tu silencio.
Que suerte hemos tenido tus cinco hijos.
Te aseguro que he sentido tu lucha en estos últimos doce años. He admirado tu silencio, tu diligencia, fortaleza, fe cristiana.
Has pasado momentos duros, durísimos.
He querido escribirte esto como reconocimiento, homenaje y que al leerlo te aplique un bálsamo que alivie tu corazón en estos momentos.
Te quiero madre.
Una vez más y sé que no es la última, has vuelto a dirigirme.
Una vez más me alegro tenerte a mi lado.
Una vez mas eres espejo donde mirarme.
Una vez más y siempre has sido, mi madre.
Joaquín Vidal
22/06/07
Una vez más y sé que no es la última, has vuelto a dirigirme.
Una vez más me alegro tenerte a mi lado.
Una vez mas eres espejo donde mirarme.
Una vez más y siempre has sido, mi madre.
Que suerte ha tenido mi padre teniendo una mujer como tu.
Que suerte sentirte en el sitio justo siempre.
Que suerte contar con tu silencio.
Que suerte hemos tenido tus cinco hijos.
Te aseguro que he sentido tu lucha en estos últimos doce años. He admirado tu silencio, tu diligencia, fortaleza, fe cristiana.
Has pasado momentos duros, durísimos.
He querido escribirte esto como reconocimiento, homenaje y que al leerlo te aplique un bálsamo que alivie tu corazón en estos momentos.
Te quiero madre.
Una vez más y sé que no es la última, has vuelto a dirigirme.
Una vez más me alegro tenerte a mi lado.
Una vez mas eres espejo donde mirarme.
Una vez más y siempre has sido, mi madre.
Joaquín Vidal
22/06/07
La vida secreta
Un año llevo viviendo mi vida secreta. La descubrí de golpe, sin querer, sin saber en ese momento que era, lo he ido experimentando a lo largo de este año. Quien piense que está preparado para “nacer” en esa nueva vida está equivocado.
Al principio, el bullicio, la incomprensión del momento que vives, las lágrimas te acompañan, después, el silencio, la soledad, las ganas de llorar contenidas delante de amigos y extraños te van abriendo las puertas de tu vida secreta.
Esta otra vida de la que te hablo hoy no tiene edad para empezarla, hay quien sin haber nacido ya empieza a vivirla en el vientre materno, es una nueva manera de vivir, ni más dura ni peor que la otra, que se adhiere paralelamente a la tuya y despacio o más rápidamente vas consiguiendo que vayan uniéndose de manera uniforme en un solo camino.
Gracias a Dios, yo la he empezado despacio, presintiendo su cercanía. He pensado a veces, ¡como nadie me ha advertido de que existe! Compadezco a los que la descubren de golpe, a los que un día de repente se encuentran en medio de un huracán de viento con la puerta de su vida secreta abierta de par en par.
He querido a veces contarte algo, ¿porque no me hablaste tu de esa vida, porque la has llevado en silencio? Ahora te entiendo aún más si cabe, echo de menos tu sonrisa, tu complicidad, que niño he sido.
Ha pasado el verano, volvieron los colegios, llego el mes de Diciembre, menos bravo de lo que yo esperaba, he echado de menos las historias que contabas de mis travesuras de pequeño, tu bendición de la mesa en Navidad, también me ha faltado. Llegó la primavera y el Sábado Santo, fui a verte al cementerio, no sentí nada especial, no te reconocía allí.A hurtadillas fui a ver salir a la Esperanza, apartado de esa puerta por la que tantos años la he visto salir con un pequeño gran hombre agarrado a su manto, y aquí me tienes hoy, echándote de menos, empezando a vivir mi vida secreta sin ti. Gracias a tu ejemplo y el de mi madre, estoy preparado para tres guerras, se que tu eres feliz en tu cielo, que apuraste la vida hasta el último sorbo y que hasta el momento en que te sentaste para exhalar el último suspiro, estuviste al servicio de Dios.
Antonio, descansa en paz y que Dios te tenga en su gloria.
Joaquín Vidal
16/4/2008
Al principio, el bullicio, la incomprensión del momento que vives, las lágrimas te acompañan, después, el silencio, la soledad, las ganas de llorar contenidas delante de amigos y extraños te van abriendo las puertas de tu vida secreta.
Esta otra vida de la que te hablo hoy no tiene edad para empezarla, hay quien sin haber nacido ya empieza a vivirla en el vientre materno, es una nueva manera de vivir, ni más dura ni peor que la otra, que se adhiere paralelamente a la tuya y despacio o más rápidamente vas consiguiendo que vayan uniéndose de manera uniforme en un solo camino.
Gracias a Dios, yo la he empezado despacio, presintiendo su cercanía. He pensado a veces, ¡como nadie me ha advertido de que existe! Compadezco a los que la descubren de golpe, a los que un día de repente se encuentran en medio de un huracán de viento con la puerta de su vida secreta abierta de par en par.
He querido a veces contarte algo, ¿porque no me hablaste tu de esa vida, porque la has llevado en silencio? Ahora te entiendo aún más si cabe, echo de menos tu sonrisa, tu complicidad, que niño he sido.
Ha pasado el verano, volvieron los colegios, llego el mes de Diciembre, menos bravo de lo que yo esperaba, he echado de menos las historias que contabas de mis travesuras de pequeño, tu bendición de la mesa en Navidad, también me ha faltado. Llegó la primavera y el Sábado Santo, fui a verte al cementerio, no sentí nada especial, no te reconocía allí.A hurtadillas fui a ver salir a la Esperanza, apartado de esa puerta por la que tantos años la he visto salir con un pequeño gran hombre agarrado a su manto, y aquí me tienes hoy, echándote de menos, empezando a vivir mi vida secreta sin ti. Gracias a tu ejemplo y el de mi madre, estoy preparado para tres guerras, se que tu eres feliz en tu cielo, que apuraste la vida hasta el último sorbo y que hasta el momento en que te sentaste para exhalar el último suspiro, estuviste al servicio de Dios.
Antonio, descansa en paz y que Dios te tenga en su gloria.
Joaquín Vidal
16/4/2008
Siempre en domingo, vivir no solo es eso
Siempre en Domingo
Joaquín Vidal
Abril 2005
Siempre
en domingo, vivir no solo es eso.
Cuando miles de lunas han acompañado mis noches, los casi
miles de amaneceres, han dado paso a días no siempre esperados ni siempre
deseados, cuando entre millones de otros momentos, he esperado el ocaso, en esos
otros momentos; he aprendido a no vivir siempre en domingo. He aprendido que
vivir no solo es eso.
Siempre
en domingo, vivir no solo es eso.
Cuando
he buscado miles de bastones en los que apoyarme, cientos de hombros en los que
llorar, manos amigas en las que confiar, cuando el estruendo de palabras
necias, semejantes a rayos y truenos han
encogido mi alma, cuando he dicho adiós en cientos de estaciones, cuando por
primera vez he salido de casa con el
corazón metido en una maleta, en ese momento; he aprendido a no vivir siempre
en domingo. He aprendido que vivir no solo es eso.
Siempre
en domingo, vivir no solo es eso.
Cuando
he oído cientos de veces el aire salir de tus pulmones mientras duermes, soñado
millones de veces que estas a mi lado, que la distancia que me separa de ti es
como de la Tierra al Sol y deseado en silencio verte cada mañana, y no podía
ser, en ese momento; he aprendido a no vivir siempre en domingo. He aprendido
que vivir no solo es eso.
Joaquín Vidal
Abril 2005
Recuerdos
Mientras bajaban la caja, se dejaban oír unos sollozos, ahogados por el monótono rezo del cura.
Mis pensamientos, sin querer, retrocedieron, días, meses atrás. Recordaba aquellos días de invierno, con el tibio sol entrando por las ventanas, mientras dormitaba mirándola de cuando en cuando. A veces me daba de comer con sus propias manos, amorosamente fijando sus cándidos ojos en mí.
Los domingos y días de fiesta paseábamos por el parque, observando cómo las infinitas gotas de rocío rodaban por el verde terciopelo de las hojas, hasta caer en la tierra húmeda.
En las raras ocasiones que ella salía sola de casa, yo esperaba impaciente su regreso, no separándome de su lado cuando la veía llegar, dando grandes muestras de alegría.
Cuántas veces me he bañado en el mar mientras ella, con el agua hasta las rodillas, me gritaba desde la orilla que no me alejara. Yo, para que ustedes lo sepan, lo hacía queriendo con tal de escuchar su voz preocupada. Esas tardes nos encantaba ver morir el día echados en la fina arena, observando como el sol se escondía por el horizonte. El rato que pasaba antes que las sombras invadieran el día era, para mí, el mejor momento; se iniciaba un fantástico canto de belleza de la naturaleza, despidiendo el día y dando la bienvenida a la noche.
También, las menos veces, la he visto postrada en la cama, atendida por dos o tres personas muy ruidosas, pero que con sus idas y venidas la volvían a la vida. En esos momento yo hacía bien poco, la miraba con dulzura, hasta que un ensayo de sonrisa aparecía en su rostro.
No sé si comprenderán el afecto tan inmenso y sincero que sentíamos el uno por el otro, creyéndonos solos en este mundo. Ella siempre me ayudó, cuidándome, preocupándose amorosamente, como aquel día que salí de casa solo. Al volver en la noche, mi corazón se partió al verla arrebujada en una manta, sentada en el borde de un escalón, mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas al pensar que nunca más volvería a verme.
El ruido de la pala encajando las losas me sacó de mis pensamientos. Las personas allí reunidas empezaron a marcharse, nadie me prestó la menor atención.
Con pasos cortos me acerqué al agujero ya tapado, adornado con bonitas flores, y, dando dos ladridos lastimosos donde encerraba toda mi amargura y amor, me alejé con el rabo entre las patitas.
Me encaminé a la puerta olisqueando aquí y allá, no sin antes volver dos veces la vista atrás, despidiéndome de mi “Ama Luisa”, guardando su recuerdo en mi corazón.
Mis pensamientos, sin querer, retrocedieron, días, meses atrás. Recordaba aquellos días de invierno, con el tibio sol entrando por las ventanas, mientras dormitaba mirándola de cuando en cuando. A veces me daba de comer con sus propias manos, amorosamente fijando sus cándidos ojos en mí.
Los domingos y días de fiesta paseábamos por el parque, observando cómo las infinitas gotas de rocío rodaban por el verde terciopelo de las hojas, hasta caer en la tierra húmeda.
En las raras ocasiones que ella salía sola de casa, yo esperaba impaciente su regreso, no separándome de su lado cuando la veía llegar, dando grandes muestras de alegría.
Cuántas veces me he bañado en el mar mientras ella, con el agua hasta las rodillas, me gritaba desde la orilla que no me alejara. Yo, para que ustedes lo sepan, lo hacía queriendo con tal de escuchar su voz preocupada. Esas tardes nos encantaba ver morir el día echados en la fina arena, observando como el sol se escondía por el horizonte. El rato que pasaba antes que las sombras invadieran el día era, para mí, el mejor momento; se iniciaba un fantástico canto de belleza de la naturaleza, despidiendo el día y dando la bienvenida a la noche.
También, las menos veces, la he visto postrada en la cama, atendida por dos o tres personas muy ruidosas, pero que con sus idas y venidas la volvían a la vida. En esos momento yo hacía bien poco, la miraba con dulzura, hasta que un ensayo de sonrisa aparecía en su rostro.
No sé si comprenderán el afecto tan inmenso y sincero que sentíamos el uno por el otro, creyéndonos solos en este mundo. Ella siempre me ayudó, cuidándome, preocupándose amorosamente, como aquel día que salí de casa solo. Al volver en la noche, mi corazón se partió al verla arrebujada en una manta, sentada en el borde de un escalón, mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas al pensar que nunca más volvería a verme.
El ruido de la pala encajando las losas me sacó de mis pensamientos. Las personas allí reunidas empezaron a marcharse, nadie me prestó la menor atención.
Con pasos cortos me acerqué al agujero ya tapado, adornado con bonitas flores, y, dando dos ladridos lastimosos donde encerraba toda mi amargura y amor, me alejé con el rabo entre las patitas.
Me encaminé a la puerta olisqueando aquí y allá, no sin antes volver dos veces la vista atrás, despidiéndome de mi “Ama Luisa”, guardando su recuerdo en mi corazón.
Me quiero parecer a ti
Siente la llama de la libertad y no tengas miedo para volar.
Que alegría escribir lo que uno siente y no tener freno a la hora de expresar, de crear. Cada cosa que escribes, que creas, al leerlo otra persona pones un minúsculo grano de esperanza en su vida, en ese momento no eres consciente de que has lanzado un pequeño alfiler a su corazón, has abierto un torrente de sentimientos, has logrado que quiera parecerse a ti.
De eso quería hablarte hoy, has crecido, eres una mujer adulta con todas sus ventajas e inconvenientes. Seguro, que sin que tu lo sepas, hay personas que quieren parecerte a ti. Puede que nunca lo sepas y que pasados unos años, en una conversación trivial, te lo confiesen. A mi me ha pasado, cuando me enteré, no creas que aportó un peso adicional a mi vida, si es verdad que en ese momento o mejor dicho, semanas o meses después me encontré siendo si cabe más honesto, más recto, más serio ante la vida. De verdad que esa situación no me incomodaba, ni lo hacía por lo que esperaban fuera de determinada manera, me salía, por supuesto los años van acompañándote, el tener hijos en el mundo también.
¿La vuelta ha sido grata? en tu fugaz aparición por aquí has dejado una sensación como algo bueno, construido sobre la madurez. Estuviste muy presente moralmente sin aparente presencia física, que fuerza hay que tener para dejar una huella tan potente con solo unas frases al despedirte ¿como se hace eso? estar más de dos horas en un sitio y dejar en el corazón de todos un surco que ni el mayor de los arados de este mundo es capaz de hacer ¿qué has aprendido? ¿Quieres enseñarnos?
Seguro que antes de que termine este mes, vuelves a salir. Sin darnos cuenta te estas incorporado a la vida. Poco a poco, irás entrando en esta corriente sanguínea que es la vida, te necesitamos a nuestro lado, hay una personita pequeña que se quiere parecer a ti, es la primera en la lista. Sin tu quererlo y sin que para ti deba ser una carga, por llegar a ser persona adulta, tienes que empezar a que ella desee parecerse a ti.
No has elegido ser la primera, te ha tocado. Los hermanos mayores lo tienen más difícil, te ha tocado. Para mi ha sido muy fácil, solo he tenido que estar pendiente de lo que hacía mi hermano mayor, él abría camino, recibía todos los golpes, yo detrás, los esquivaba, me ha tocado
Que alegría escribir lo que uno siente y no tener freno a la hora de expresar, de crear. Cada cosa que escribes, que creas, al leerlo otra persona pones un minúsculo grano de esperanza en su vida, en ese momento no eres consciente de que has lanzado un pequeño alfiler a su corazón, has abierto un torrente de sentimientos, has logrado que quiera parecerse a ti.
De eso quería hablarte hoy, has crecido, eres una mujer adulta con todas sus ventajas e inconvenientes. Seguro, que sin que tu lo sepas, hay personas que quieren parecerte a ti. Puede que nunca lo sepas y que pasados unos años, en una conversación trivial, te lo confiesen. A mi me ha pasado, cuando me enteré, no creas que aportó un peso adicional a mi vida, si es verdad que en ese momento o mejor dicho, semanas o meses después me encontré siendo si cabe más honesto, más recto, más serio ante la vida. De verdad que esa situación no me incomodaba, ni lo hacía por lo que esperaban fuera de determinada manera, me salía, por supuesto los años van acompañándote, el tener hijos en el mundo también.
¿La vuelta ha sido grata? en tu fugaz aparición por aquí has dejado una sensación como algo bueno, construido sobre la madurez. Estuviste muy presente moralmente sin aparente presencia física, que fuerza hay que tener para dejar una huella tan potente con solo unas frases al despedirte ¿como se hace eso? estar más de dos horas en un sitio y dejar en el corazón de todos un surco que ni el mayor de los arados de este mundo es capaz de hacer ¿qué has aprendido? ¿Quieres enseñarnos?
Seguro que antes de que termine este mes, vuelves a salir. Sin darnos cuenta te estas incorporado a la vida. Poco a poco, irás entrando en esta corriente sanguínea que es la vida, te necesitamos a nuestro lado, hay una personita pequeña que se quiere parecer a ti, es la primera en la lista. Sin tu quererlo y sin que para ti deba ser una carga, por llegar a ser persona adulta, tienes que empezar a que ella desee parecerse a ti.
No has elegido ser la primera, te ha tocado. Los hermanos mayores lo tienen más difícil, te ha tocado. Para mi ha sido muy fácil, solo he tenido que estar pendiente de lo que hacía mi hermano mayor, él abría camino, recibía todos los golpes, yo detrás, los esquivaba, me ha tocado
Caminante no hay camino, se hace camino al andar
Han pasado casi dos meses, sesenta días saliendo el sol, cerrando los ojos por la noche ¿que piensas al dormirte?
Yo hace unos años, no muchos me descubrí pensando, que pensaría mi padre con mi edad. Tenia cuatro hijos en el mundo, una esposa y una madre, todos viviendo en dos míseras habitaciones, un baño en uno de los dos dormitorios, un salón recortado con un tabique para que su madre tuviera un poco de intimidad. Que vida la de esas siete personas, con el hambre rondando a su alrededor, el olor a corcho presente en toda la casa. Para poder llevar unas pocas pesetas extras a su casa, Antonio, fabricaba con sus manos “casitas de corcho” para los belenes, recuerdo que cuando se acercaba la navidad, toda la casa se convertía en un gran almacén, el olor de la cola blanca, el serrín, la pintura blanca y los alfileres, se mezclaban por toda la casa. Cada semana, yo acompañaba a Antonio a la tienda para venderlas. En silencio contemplaba el regateo infame que el dueño imponía al pequeño gran hombre, el artista, que con el movimiento de sus manos, las reglas de metal y la cuchilla, hacia surgir casas solariegas, caseríos vascos, ostentosos portales de belenes o casetas de feria, todo con un detalle finísimo, cobraba aproximadamente una peseta sesenta céntimos, dos o treinta pesetas por un portal. Esta ceremonia se repetía después del verano antes de llegar las fiestas.
Que vida, cuantos años de lucha. Te imaginas ¿que pensaría Antonio, cuando le daba un beso a su madre, dejaba a Ana trasteando en la cocina y cruzaba el dormitorio de sus cuatro hijos? Estaba tan derrengado de luchar que se dormía al instante y a las seis de la mañana, cuando sonaba el despertador para ir a trabajar a la fábrica, saltaba como un resorte, se ajustaba la faja y salía a derrotar al mundo ¿que pensaría antes de dormirse?
Hoy he querido empezar esta carta con unas estrofas de una canción de Serrat, que me gusta. Y lo quiero terminar con una estrofa de la misma canción, que le he pedido a tu hermana que me la traduzca como homenaje a ella, para que te acuerdes de nosotros, que se que lo haces.
Con todo nuestro cariño, tu paciencia es nuestro alimento.
caminant, son les teves empreta, el cami i res mes
caminant, no hi ha cami, es fa cami al caminar
al caminar es fa cami i al tornar la vista enrrere
es veu el cami que mai s'ha de tornar a trapitjar
Yo hace unos años, no muchos me descubrí pensando, que pensaría mi padre con mi edad. Tenia cuatro hijos en el mundo, una esposa y una madre, todos viviendo en dos míseras habitaciones, un baño en uno de los dos dormitorios, un salón recortado con un tabique para que su madre tuviera un poco de intimidad. Que vida la de esas siete personas, con el hambre rondando a su alrededor, el olor a corcho presente en toda la casa. Para poder llevar unas pocas pesetas extras a su casa, Antonio, fabricaba con sus manos “casitas de corcho” para los belenes, recuerdo que cuando se acercaba la navidad, toda la casa se convertía en un gran almacén, el olor de la cola blanca, el serrín, la pintura blanca y los alfileres, se mezclaban por toda la casa. Cada semana, yo acompañaba a Antonio a la tienda para venderlas. En silencio contemplaba el regateo infame que el dueño imponía al pequeño gran hombre, el artista, que con el movimiento de sus manos, las reglas de metal y la cuchilla, hacia surgir casas solariegas, caseríos vascos, ostentosos portales de belenes o casetas de feria, todo con un detalle finísimo, cobraba aproximadamente una peseta sesenta céntimos, dos o treinta pesetas por un portal. Esta ceremonia se repetía después del verano antes de llegar las fiestas.
Que vida, cuantos años de lucha. Te imaginas ¿que pensaría Antonio, cuando le daba un beso a su madre, dejaba a Ana trasteando en la cocina y cruzaba el dormitorio de sus cuatro hijos? Estaba tan derrengado de luchar que se dormía al instante y a las seis de la mañana, cuando sonaba el despertador para ir a trabajar a la fábrica, saltaba como un resorte, se ajustaba la faja y salía a derrotar al mundo ¿que pensaría antes de dormirse?
Hoy he querido empezar esta carta con unas estrofas de una canción de Serrat, que me gusta. Y lo quiero terminar con una estrofa de la misma canción, que le he pedido a tu hermana que me la traduzca como homenaje a ella, para que te acuerdes de nosotros, que se que lo haces.
Con todo nuestro cariño, tu paciencia es nuestro alimento.
caminant, son les teves empreta, el cami i res mes
caminant, no hi ha cami, es fa cami al caminar
al caminar es fa cami i al tornar la vista enrrere
es veu el cami que mai s'ha de tornar a trapitjar
¿Te gusta el futbol?
Son las ocho de la mañana, acabo de levantarme. A pesar de hacer un día claro y que se adivina caluroso, me encuentro como tembloroso, despegado, fuera de lugar. Voy caminando al trabajo, un privilegio de vivir en mi barrio de siempre y en Sevilla.
Antes de llegar a la oficina voy a parar en el bar que paro todas las mañanas desde hace ocho años, conozco a todo el mundo, ha cambiado el dueño una vez pero los camareros son los mismos. Mi tostadita con aceite y jamón con café, no me la quita nadie.
Ya diviso el bar, me faltan apenas doscientos metros, me imagino en la barra a Julio y a Diego, inseparables parroquianos del mismo establecimiento, mientras pienso esto, estoy pegado al suelo, los acontecimientos que han pasado en el último mes, han sido demasiado, me han superado, no se si podré llevar una vida normal.
Arrastro mi cuerpo, y entro en el bar armado de valor, hola diego, Julio, ¿Cómo estais?, me contestan con un gesto. A los pocos minutos tengo mi humeante café delante, con mi correspondiente tostada. Reina un silencio en el bar, desacostumbrado, los tres amigos y dos clientes que estamos desayunando no hablamos, los cinco y los dos camareros, estamos en silencio, parece haber reventado una bomba y que nos ha dejado sordos.
Han pasado tres minutos cuarenta segundos, de pronto Julio, empieza a temblar, su cuerpo se convulsiona, de pronto un grito aterrador sale de su garganta, ¡No puedo masssss! empieza a llorar de manera convulsa. No se de que hablar, la liga de futbol termino ayer, no tengo de que hablar, por favor, dijo mirando a los amigos, ¿de que podemos hablar? , Diego y yo nos encogimos de hombros, miramos a los camareros, estaban aterrados, nadie sabía de que hablar. Salimos corriendo del local.
Han pasado dos meses, no he vuelto al bar, me he comprado un MP3 en los chinos, ¡ no funciona!, pero con los cables en los oídos, no tengo que hablar con nadie. Dentro de tres semanas empieza la liga, estoy deseando.
Joaquín Vidal
Antes de llegar a la oficina voy a parar en el bar que paro todas las mañanas desde hace ocho años, conozco a todo el mundo, ha cambiado el dueño una vez pero los camareros son los mismos. Mi tostadita con aceite y jamón con café, no me la quita nadie.
Ya diviso el bar, me faltan apenas doscientos metros, me imagino en la barra a Julio y a Diego, inseparables parroquianos del mismo establecimiento, mientras pienso esto, estoy pegado al suelo, los acontecimientos que han pasado en el último mes, han sido demasiado, me han superado, no se si podré llevar una vida normal.
Arrastro mi cuerpo, y entro en el bar armado de valor, hola diego, Julio, ¿Cómo estais?, me contestan con un gesto. A los pocos minutos tengo mi humeante café delante, con mi correspondiente tostada. Reina un silencio en el bar, desacostumbrado, los tres amigos y dos clientes que estamos desayunando no hablamos, los cinco y los dos camareros, estamos en silencio, parece haber reventado una bomba y que nos ha dejado sordos.
Han pasado tres minutos cuarenta segundos, de pronto Julio, empieza a temblar, su cuerpo se convulsiona, de pronto un grito aterrador sale de su garganta, ¡No puedo masssss! empieza a llorar de manera convulsa. No se de que hablar, la liga de futbol termino ayer, no tengo de que hablar, por favor, dijo mirando a los amigos, ¿de que podemos hablar? , Diego y yo nos encogimos de hombros, miramos a los camareros, estaban aterrados, nadie sabía de que hablar. Salimos corriendo del local.
Han pasado dos meses, no he vuelto al bar, me he comprado un MP3 en los chinos, ¡ no funciona!, pero con los cables en los oídos, no tengo que hablar con nadie. Dentro de tres semanas empieza la liga, estoy deseando.
Joaquín Vidal
Ternera con espárragos rehogados con ajo
Ingredientes
Filete de ternera
Un diente de ajo
Espárragos congelados 150g.
Sal y aceite
Se refríe el ajo un par de minutos en aceite, a continuación se echan los espárragos, se dejan 12 minutos dándole un par de vueltas y se echa la ternera, troceada en pequeños trozos y se mantienen tres minutos en el fuego, dándole solo una vuelta.
Filete de ternera
Un diente de ajo
Espárragos congelados 150g.
Sal y aceite
Se refríe el ajo un par de minutos en aceite, a continuación se echan los espárragos, se dejan 12 minutos dándole un par de vueltas y se echa la ternera, troceada en pequeños trozos y se mantienen tres minutos en el fuego, dándole solo una vuelta.
Espinacas con Calamares
300 grs. de espinacas congeladas (ración para una persona)
8 rodajas de calamares congelados
1 dientes de ajo enteros
1 dientes de ajo laminados
½ hojas de laurel
1 trozo de pan
1 pellizco de sal
½ cucharadita de pimentón dulce
1/2 cucharadita de vinagre
1 vasito de agua
Aceite
Poner en un bol los calamares, con una mezcla de aceite y vino blanco, un par de horas antes
Para hervir las espinacas, seguir el manual del fabricante de la bolsa, normalmente 7/8 minutos después de hervir el agua.
Poner en la sartén un poco de aceite de oliva a calentar y añadir el laurel y el diente de ajo enteros, sin piel. Cuando esté todo frito sacar del aceite y poner en el mortero. Freír el trozo de pan cortado en cuadritos. Cuando esté dorado y frito pasar al mortero con el laurel y los dientes de ajos y machacarlo bien. Una vez todo machacado añadir el vinagre, un poco de agua y reservar.
En otra sartén, refreír los calamares con la mezcla del bol durante cinco minutos, a fuego vivo.
Mientras, en una sartén al fuego con aceite de oliva poner el otro diente de ajo laminado. Cuando esté dorado, añadir las hojas de espinacas escurridas y refreír muy bien, poner la sal y cuando lleve unos cinco minutos , poner el pimentón molido dulce y dejar que se tueste un poco, añadirá más sabor.
Incorporar todo lo que tenemos majado en el mortero. Dejar refreír a fuego lento unos cinco minutos, en ese momento echar la salsa de los calamares y adornar la sartén, repartiendo los trozos de calamares por encima y no remover más
Se acompañan en el plato con cuadritos de pan frito.
8 rodajas de calamares congelados
1 dientes de ajo enteros
1 dientes de ajo laminados
½ hojas de laurel
1 trozo de pan
1 pellizco de sal
½ cucharadita de pimentón dulce
1/2 cucharadita de vinagre
1 vasito de agua
Aceite
Poner en un bol los calamares, con una mezcla de aceite y vino blanco, un par de horas antes
Para hervir las espinacas, seguir el manual del fabricante de la bolsa, normalmente 7/8 minutos después de hervir el agua.
Poner en la sartén un poco de aceite de oliva a calentar y añadir el laurel y el diente de ajo enteros, sin piel. Cuando esté todo frito sacar del aceite y poner en el mortero. Freír el trozo de pan cortado en cuadritos. Cuando esté dorado y frito pasar al mortero con el laurel y los dientes de ajos y machacarlo bien. Una vez todo machacado añadir el vinagre, un poco de agua y reservar.
En otra sartén, refreír los calamares con la mezcla del bol durante cinco minutos, a fuego vivo.
Mientras, en una sartén al fuego con aceite de oliva poner el otro diente de ajo laminado. Cuando esté dorado, añadir las hojas de espinacas escurridas y refreír muy bien, poner la sal y cuando lleve unos cinco minutos , poner el pimentón molido dulce y dejar que se tueste un poco, añadirá más sabor.
Incorporar todo lo que tenemos majado en el mortero. Dejar refreír a fuego lento unos cinco minutos, en ese momento echar la salsa de los calamares y adornar la sartén, repartiendo los trozos de calamares por encima y no remover más
Se acompañan en el plato con cuadritos de pan frito.
domingo, 10 de enero de 2010
El Móvil “Tobillero”
Serafín Montoso, descansaba en el chiringuito. La familia doscientos metros y quinientas sombrillas más adelante, disfrutaban de las olas del mar. Serafín pantalón corto blanco, sandalias de Carretour, polo con el cocodrilo falsificado, degustaba una fría cerveza, la segunda. En las mesas colindantes las familias con los cuerpos quemados, los pies llenos de arena y las marcas de los bañadores trasteaban entre la barra y las mesas, llevando sardinas a la plancha, chopitos, ensaladas, aliños, botellas de casera con la etiqueta movida por el agua de la nieve del congelador y jarras de de tinto.
De pronto, Serafín sufrió como un espasmo. Le había vuelto a ocurrir. Miró a su alrededor, nadie lo había visto, siguió con su cerveza. Volvió a ocurrirle.
Llevaba doce días con la familia en la playa, pasado mañana, volvían a Madrid, lo deseaba, hasta ese momento había aguantado bien.
Serafín, Serafín; una escultural rubia, lo llamaba desde la rampa de madera que se introducía entre el mar de sombrillas y te llevaba hasta la silla del socorrista, ¿quieres que te ayude a bajar a la playa?, “la parienta” pensó, como se de cuenta, me mata, él hizo un gesto con la mano; después, después.
Elena, mientras bajaba a la playa, y cientos de cabeza se giraban en su dirección, y algún “tía buena” se escapaba de una garganta, pensaba; este hombre, le pasa algo, la torcedura del otro día, lo ha dejado raro, raro.
Serafín, no pudo más, con la cara roja y rostro de vendedor asesino (estilo clint isbud) echó mano de su “móvil tobillero”, modelo que había visto en un catalogo de Mevamatar (grandes almacenes de electrodomésticos) y comprado antes de las vacaciones empujó al camarero, le quitó la tiza de la mano y preguntó a través del auricular con la voz a cien, a ver Fernando, ¿cual es la fecha de entrega del pedido?
La mujer lo miraba de lejos, moviendo la cabeza, mientras Serafín apuntaba en la barra con la tiza mojada.
Joaquín Vidal Julio de 2007
De pronto, Serafín sufrió como un espasmo. Le había vuelto a ocurrir. Miró a su alrededor, nadie lo había visto, siguió con su cerveza. Volvió a ocurrirle.
Llevaba doce días con la familia en la playa, pasado mañana, volvían a Madrid, lo deseaba, hasta ese momento había aguantado bien.
Serafín, Serafín; una escultural rubia, lo llamaba desde la rampa de madera que se introducía entre el mar de sombrillas y te llevaba hasta la silla del socorrista, ¿quieres que te ayude a bajar a la playa?, “la parienta” pensó, como se de cuenta, me mata, él hizo un gesto con la mano; después, después.
Elena, mientras bajaba a la playa, y cientos de cabeza se giraban en su dirección, y algún “tía buena” se escapaba de una garganta, pensaba; este hombre, le pasa algo, la torcedura del otro día, lo ha dejado raro, raro.
Serafín, no pudo más, con la cara roja y rostro de vendedor asesino (estilo clint isbud) echó mano de su “móvil tobillero”, modelo que había visto en un catalogo de Mevamatar (grandes almacenes de electrodomésticos) y comprado antes de las vacaciones empujó al camarero, le quitó la tiza de la mano y preguntó a través del auricular con la voz a cien, a ver Fernando, ¿cual es la fecha de entrega del pedido?
La mujer lo miraba de lejos, moviendo la cabeza, mientras Serafín apuntaba en la barra con la tiza mojada.
Joaquín Vidal Julio de 2007
Hoy he sonreído a un desconocido.
En el principio de la noche, he abrazado a mi pareja.
He roto los silencios, malas caras, gestos de desprecio.
He levantado mi cara de la almohada.
No he querido apretar los dientes.
Tampoco he querido pasar por alto un insulto, ni tampoco una despedida, tampoco un roce en mi piel de sus manos, un beso de despedida por la mañana, una frase de aliento, un apretón de manos. NO quiero pasar nada por alto, quiero volver a disfrutar de todas las cosas, grandes y pequeñas que me ocurren.
Todo forma parte de mí, a lo largo de los años, todo me ha dado seguridad; errores y aciertos. Tengo que confesar que no de todo he aprendido, pero también eso forma de la grandeza de vivir.
He sido a veces, cirineo, hombro donde descansar, donde llorar, caja fuerte donde guardar confidencias y penas de otros, trompeta para transmitir alegrías. También a veces verdugo.
Con todo eso, he aprendido una cosa importante, entre otras.
Todo, todo eso mezclado con mi vivir diario, forma un peligroso cóctel, que puede bloquear mi existencia.
Por eso, como digo, he aprendido a trivializar, canibalizar, digerir y olvidar los problemas que mi vida terrenal no puede resolver y centrarme con mis cinco sentidos en los que realmente puedo resolver, míos y de las personas que me rodean.
A veces, yo mismo me sorprendo del poco impacto que grandes problemas causan en mí, pero los años y ese mecanismo, me hacen tomar distancia, y os puedo garantizar que funciona.
Joaquín Vidal
He roto los silencios, malas caras, gestos de desprecio.
He levantado mi cara de la almohada.
No he querido apretar los dientes.
Tampoco he querido pasar por alto un insulto, ni tampoco una despedida, tampoco un roce en mi piel de sus manos, un beso de despedida por la mañana, una frase de aliento, un apretón de manos. NO quiero pasar nada por alto, quiero volver a disfrutar de todas las cosas, grandes y pequeñas que me ocurren.
Todo forma parte de mí, a lo largo de los años, todo me ha dado seguridad; errores y aciertos. Tengo que confesar que no de todo he aprendido, pero también eso forma de la grandeza de vivir.
He sido a veces, cirineo, hombro donde descansar, donde llorar, caja fuerte donde guardar confidencias y penas de otros, trompeta para transmitir alegrías. También a veces verdugo.
Con todo eso, he aprendido una cosa importante, entre otras.
Todo, todo eso mezclado con mi vivir diario, forma un peligroso cóctel, que puede bloquear mi existencia.
Por eso, como digo, he aprendido a trivializar, canibalizar, digerir y olvidar los problemas que mi vida terrenal no puede resolver y centrarme con mis cinco sentidos en los que realmente puedo resolver, míos y de las personas que me rodean.
A veces, yo mismo me sorprendo del poco impacto que grandes problemas causan en mí, pero los años y ese mecanismo, me hacen tomar distancia, y os puedo garantizar que funciona.
Joaquín Vidal
Vuelvo al mundo
Vuelvo al mundo, el frío se acerca. Vuelven a renacer, sensaciones abandonadas durante el verano.
Esto que escribo es para una persona, especial, muy especial, al menos a mí me lo parece. No hace muchos meses que la conozco. Secretamente la admiro. Esa persona, alberga un corazón, que su peso, difícilmente pueda aguantar su fino cuerpo. Tiene una sensibilidad arrolladora, que no deja translucir más que en sus momentos más íntimos. Que duro debe ser. En este mundo de violencia, etiquetas, intolerancia, desafíos. Que duro debe ser.
A esta persona, la imagino, naciendo en un bello jardín árabe, rodeada de sultanas, arrullada, por el cristalino sonido de las fuentes, floreciendo cada mañana, perfumando con su aroma el Patio de Naranjos de una mezquita, mostrando al mundo su esplendor y belleza.
A esa persona, ahora que parece que el camino se estrecha, vencedor de mil batallas diarias, alma fuerte, vaya mi pequeño homenaje, en esta noche de otoño, próximo ya el invierno.
Un lobo estepario.
Joaquín Vidal
Esto que escribo es para una persona, especial, muy especial, al menos a mí me lo parece. No hace muchos meses que la conozco. Secretamente la admiro. Esa persona, alberga un corazón, que su peso, difícilmente pueda aguantar su fino cuerpo. Tiene una sensibilidad arrolladora, que no deja translucir más que en sus momentos más íntimos. Que duro debe ser. En este mundo de violencia, etiquetas, intolerancia, desafíos. Que duro debe ser.
A esta persona, la imagino, naciendo en un bello jardín árabe, rodeada de sultanas, arrullada, por el cristalino sonido de las fuentes, floreciendo cada mañana, perfumando con su aroma el Patio de Naranjos de una mezquita, mostrando al mundo su esplendor y belleza.
A esa persona, ahora que parece que el camino se estrecha, vencedor de mil batallas diarias, alma fuerte, vaya mi pequeño homenaje, en esta noche de otoño, próximo ya el invierno.
Un lobo estepario.
Joaquín Vidal
Vencido
Me duele el dolor del fracasado
y no he perdido la batalla
pero me siento vencido
aunque no hay lucha ni causa
tengo un sabor amargo
y un desaliento en el alma.
Tengo un vacío, aquí dentro
que el corazón me desgarra
y mientras sigue sangrando
la herida que me has causado
camino solo y perdido
sin saber lo que ha pasado
Joaquin Vidal
y no he perdido la batalla
pero me siento vencido
aunque no hay lucha ni causa
tengo un sabor amargo
y un desaliento en el alma.
Tengo un vacío, aquí dentro
que el corazón me desgarra
y mientras sigue sangrando
la herida que me has causado
camino solo y perdido
sin saber lo que ha pasado
Joaquin Vidal
Quiero como nunca he querido
No es el momento ni el lugar para escribir, pero si surge el momento, desconecto mi mano cerebralmente y la enchufo directamente a mi corazón.
Llevo más de dos horas sentada en este banco del parque, pensando, analizando. He concluido. Si, he concluido. La mejor manera en que me comunico con el resto del mundo es, a través de lo que escribo. Me he resistido a admitirlo, pero es así.
Quiero, como nunca he querido. A pesar de que estos días he vivido una situación de provisionalidad, todo ha pasado tan rápido que no me ha dado tiempo a pensar.
He vivido miles de situaciones ya vividas, segundos, minutos, que, dulce o angustiosamente se han repetido.
He disfrutado con su cuerpo, como nunca disfruté, y cosa curiosa, en esos momentos no he pensado en el pasado, solo en su cuerpo.
He besado, cubierto su piel con mis labios, explorado cada rincón de su cuerpo; que dulce sensación.
He arrollado su mente, puesto al límite su amor, me he mojado con sus lagrimas por mi sinrazón; que desesperación.
Le he dado de comer en mi mano, he lavado su cuerpo despacio, muy despacio.
He velado su enfermedad, rogando a Dios que se ponga bien. He enfriado su cuerpo, asaltado por violentos temblores.
He pedido a Dios que me ponga en su lugar.
Quiero, como nunca he querido. He sentido el lacerante dolor del pasado, como un huracán, arrasando todo cuanto encuentra a su paso.
Quiero, como nunca he querido.
Amelia Salmerón
Llevo más de dos horas sentada en este banco del parque, pensando, analizando. He concluido. Si, he concluido. La mejor manera en que me comunico con el resto del mundo es, a través de lo que escribo. Me he resistido a admitirlo, pero es así.
Quiero, como nunca he querido. A pesar de que estos días he vivido una situación de provisionalidad, todo ha pasado tan rápido que no me ha dado tiempo a pensar.
He vivido miles de situaciones ya vividas, segundos, minutos, que, dulce o angustiosamente se han repetido.
He disfrutado con su cuerpo, como nunca disfruté, y cosa curiosa, en esos momentos no he pensado en el pasado, solo en su cuerpo.
He besado, cubierto su piel con mis labios, explorado cada rincón de su cuerpo; que dulce sensación.
He arrollado su mente, puesto al límite su amor, me he mojado con sus lagrimas por mi sinrazón; que desesperación.
Le he dado de comer en mi mano, he lavado su cuerpo despacio, muy despacio.
He velado su enfermedad, rogando a Dios que se ponga bien. He enfriado su cuerpo, asaltado por violentos temblores.
He pedido a Dios que me ponga en su lugar.
Quiero, como nunca he querido. He sentido el lacerante dolor del pasado, como un huracán, arrasando todo cuanto encuentra a su paso.
Quiero, como nunca he querido.
Amelia Salmerón
Eva y Adán
Esta amaneciendo. En la chimenea arden dos gruesos troncos. El invierno, se ha echado encima de repente. Estoy dentro de la cabaña, en el exterior un manto blanco cubre hasta donde llega mi vista. Llevamos dos años aquí, en este valle rodeado de montañas. Un estrecho desfiladero, nos une con el resto del mundo, que esta época, a veces se vuelve intransitable, o sea, nos quedamos aislados.
Amelia y yo, decidimos venir a este rincón del mundo. Abandonamos la gran ciudad, el tráfico, las luces, las prisas. Hoy, nos felicitamos por tomar esa decisión.
No utilizamos luz eléctrica, tampoco ninguno de los adelantos de la época, solo un teléfono vía satélite, para no perder el contacto con el mundo exterior.
Tenemos un viejo carro, una vaca, gallinas, dos caballos, un cerdo. No necesitamos nada más. Una vez al mes salimos por el desfiladero, alquilamos un coche, compramos algunas cosas en el hiper y visitamos a algunos familiares y amigos.
Nuestra vida, transcurre entre largas jornadas dedicadas el uno al otro. Tenemos tiempo para todo. En este sitio, valoras realmente el tiempo, en primavera y verano, damos largos paseos a caballo, pescamos en un riachuelo cercano, nos bañamos desnudos y hacemos el amor sobre la hierba. En otoño e invierno, si el tiempo lo permite, paseamos por el valle, si nieva o llueve mucho, pasamos los días al calor de la chimenea.
A veces pensamos que es un sueño. Te das cuenta lo diferente que es. Desde no tener un interruptor al lado de la puerta que encienda las luces, lavadora, frigorífico, televisión y muchas cosas más, que realmente, cuando estas aquí, te asombran la poca necesidad que tienes de ellas.
Eso sí. Ella me tiene a mí, y yo a ella. Que es realmente lo que siempre nos ha importado. El resto del mundo, esta más allá. Aparecemos cuando lo necesitamos.
Nos hemos aficionado a los trabajos manuales, a leer, a cocinar en cocina de leña, a hacer nuestro propio pan, cultivar nuestro pequeño huerto, cuidar los animales y a vivir más acorde con la naturaleza. Por supuesto, nuestra principal afición son nuestros cuerpos, las caricias los besos, las miradas.
Solo pedimos a Dios que nos dé salud para vivir eternamente en este paraíso.
Joaquín Vidal
Amelia y yo, decidimos venir a este rincón del mundo. Abandonamos la gran ciudad, el tráfico, las luces, las prisas. Hoy, nos felicitamos por tomar esa decisión.
No utilizamos luz eléctrica, tampoco ninguno de los adelantos de la época, solo un teléfono vía satélite, para no perder el contacto con el mundo exterior.
Tenemos un viejo carro, una vaca, gallinas, dos caballos, un cerdo. No necesitamos nada más. Una vez al mes salimos por el desfiladero, alquilamos un coche, compramos algunas cosas en el hiper y visitamos a algunos familiares y amigos.
Nuestra vida, transcurre entre largas jornadas dedicadas el uno al otro. Tenemos tiempo para todo. En este sitio, valoras realmente el tiempo, en primavera y verano, damos largos paseos a caballo, pescamos en un riachuelo cercano, nos bañamos desnudos y hacemos el amor sobre la hierba. En otoño e invierno, si el tiempo lo permite, paseamos por el valle, si nieva o llueve mucho, pasamos los días al calor de la chimenea.
A veces pensamos que es un sueño. Te das cuenta lo diferente que es. Desde no tener un interruptor al lado de la puerta que encienda las luces, lavadora, frigorífico, televisión y muchas cosas más, que realmente, cuando estas aquí, te asombran la poca necesidad que tienes de ellas.
Eso sí. Ella me tiene a mí, y yo a ella. Que es realmente lo que siempre nos ha importado. El resto del mundo, esta más allá. Aparecemos cuando lo necesitamos.
Nos hemos aficionado a los trabajos manuales, a leer, a cocinar en cocina de leña, a hacer nuestro propio pan, cultivar nuestro pequeño huerto, cuidar los animales y a vivir más acorde con la naturaleza. Por supuesto, nuestra principal afición son nuestros cuerpos, las caricias los besos, las miradas.
Solo pedimos a Dios que nos dé salud para vivir eternamente en este paraíso.
Joaquín Vidal
El queso
El Queso
Te voy a contar una pequeña fábula.
El coche corría a toda velocidad por la carretera, que unía Cádiz con Sevilla.
Lamentaba el cambio de zona, que la empresa me había asignado. Me preguntaba ¿por qué? Llevaba seis años en Málaga, vivía cómodamente, y hacia dos meses, me cambiaron a Cádiz, que mala suerte tengo, pensé.
Hoy sé, que tenia que haber aceptado el cambio con ilusión y trabajar con ahínco. Y lo mas importante, no descuidar a mi familia.
Pasaron once terribles meses, solo sabía lamentarme y maldecir mi suerte, mientras mi vida familiar se desmoronaba, ¡! no era justo, que me cambiaran de zona, no era justo que se hubieran llevado “el queso”!!
Pero, en Enero de este año, perdí mi miedo, decidí ir en busca del queso. Al principio, con cierto miedo, según avanzaron los meses, me iba encontrando mejor. ¡OH, desgracia!!, en medio de mi búsqueda, mi compañera me abandono.
Volvían a “cambiarlo” Me senté desesperadamente en medio del laberinto, es demasiado, pensé. Dos meses estuve sentado.
Después empecé a recuperar mis fuerzas y empecé a adaptarme al doble cambio. Hoy, tengo que confesarlo, me siento feliz, cuidando mi queso, mirándolo para ver si hay pequeños cambios, si enmohece y la próxima vez, estar mejor preparado.
Es verdad, que a veces tengo algo de miedo, pero pienso que eso forma parte del cambio. Mi verdadera aceptación del cambio, empezó en enero, hoy estoy preparado, para todos los cambios.
Solo me queda deciros una cosa a las personas que me rodean. Vigilad vuestro queso, y no tengáis miedo a los cambios, forman parte de nuestra vida.
Joaquín Vidal
Te voy a contar una pequeña fábula.
El coche corría a toda velocidad por la carretera, que unía Cádiz con Sevilla.
Lamentaba el cambio de zona, que la empresa me había asignado. Me preguntaba ¿por qué? Llevaba seis años en Málaga, vivía cómodamente, y hacia dos meses, me cambiaron a Cádiz, que mala suerte tengo, pensé.
Hoy sé, que tenia que haber aceptado el cambio con ilusión y trabajar con ahínco. Y lo mas importante, no descuidar a mi familia.
Pasaron once terribles meses, solo sabía lamentarme y maldecir mi suerte, mientras mi vida familiar se desmoronaba, ¡! no era justo, que me cambiaran de zona, no era justo que se hubieran llevado “el queso”!!
Pero, en Enero de este año, perdí mi miedo, decidí ir en busca del queso. Al principio, con cierto miedo, según avanzaron los meses, me iba encontrando mejor. ¡OH, desgracia!!, en medio de mi búsqueda, mi compañera me abandono.
Volvían a “cambiarlo” Me senté desesperadamente en medio del laberinto, es demasiado, pensé. Dos meses estuve sentado.
Después empecé a recuperar mis fuerzas y empecé a adaptarme al doble cambio. Hoy, tengo que confesarlo, me siento feliz, cuidando mi queso, mirándolo para ver si hay pequeños cambios, si enmohece y la próxima vez, estar mejor preparado.
Es verdad, que a veces tengo algo de miedo, pero pienso que eso forma parte del cambio. Mi verdadera aceptación del cambio, empezó en enero, hoy estoy preparado, para todos los cambios.
Solo me queda deciros una cosa a las personas que me rodean. Vigilad vuestro queso, y no tengáis miedo a los cambios, forman parte de nuestra vida.
Joaquín Vidal
EL DÍA DEL PADRE
Unas lágrimas rodaban por sus mejillas, el sonido de la mezcla se unía al del palauztre, rascando el fondo del recipiente. Es un sonido que te pone los pelos de punta. Un silencio sepulcral, roto por el llanto de los familiares y amigos. El féretro metido en el estrecho nicho. Todo acabó en unos minutos. Después el largo paseo hasta la puerta principal. , acabando con la despedida de familiares y amigos.
Esto es lo que recordaba Amelia. Habían pasado dos años desde que su padre falleció. Cuantas cosas ocurrieron en esos dos años. Durante sus primeros veinte años de vida, su padre fue un “ padreparaguas”. Cuanto se acordaba de él. A veces, lo culpaba de morirse tan pronto. Así era Amelia, había nacido y crecido entre algodones.
Las teorías que mantenía su padre de comunicación, respeto a la intimidad de su hija, sinceridad, complicidad y camaradería; ella, no había sabido apreciarlas y lo que es más importante, aprovecharlas hasta el último sorbo. Ahora lo lamentaba. La vida de pronto se convirtió en un subir y subir, en una cuesta arriba, que agotaba sus fuerzas.
Frases como, “si mi padre no me hubiera mimado tanto, si no me hubiera dado todos los caprichos, etc...”, frases, que solo piensan y pronuncian las personas con una inteligencia rayando en la nada, propia de animales.
El padre desde su sepultura, la veía, ¿no hubiera sido más valioso para su hija, morirse él, el día que ella nació?, pensareis, es una barbaridad, ¿no?
¿Hubiera sido de otra manera? ¿Ella se hubiera enfrentado a la vida, con más inteligencia?, no lo sé. Lo que sí es cierto, es que he vivido mi vida, no todo me ha salido bien; pero coincidiréis conmigo, que la vida es eso, imperfección. Lo que si he tenido siempre es un gran respeto por su persona, por su espacio, amor a raudales; no he sido perfecto, tampoco lo he pretendido, la perfección me parece, de edificios, muebles, monumentos, pero no es real en la vida. Me parece más perfecto llevar una vida adelante, con los problemas cotidianos, aprovecharme al máximo de las pocas oportunidades que da la vida, y por supuesto si ponen en mi camino algún punto de apoyo, que encima es sangre de tu sangre y carne de tu carne, agarrarlo y no soltarlo.
Sé que este escrito, será uno más, pero la pena que embarga mi corazón, se me alivia por unos momentos. Dentro de unos minutos, dejaré de escribir. Para mí será un episodio más, la vida sigue. Para Amelia, opino, con todo el respeto, debiera ser un aviso. Paradójicamente Amelia, la vida, con la muerte, acaba de empezar.
Joaquin Vidal
Esto es lo que recordaba Amelia. Habían pasado dos años desde que su padre falleció. Cuantas cosas ocurrieron en esos dos años. Durante sus primeros veinte años de vida, su padre fue un “ padreparaguas”. Cuanto se acordaba de él. A veces, lo culpaba de morirse tan pronto. Así era Amelia, había nacido y crecido entre algodones.
Las teorías que mantenía su padre de comunicación, respeto a la intimidad de su hija, sinceridad, complicidad y camaradería; ella, no había sabido apreciarlas y lo que es más importante, aprovecharlas hasta el último sorbo. Ahora lo lamentaba. La vida de pronto se convirtió en un subir y subir, en una cuesta arriba, que agotaba sus fuerzas.
Frases como, “si mi padre no me hubiera mimado tanto, si no me hubiera dado todos los caprichos, etc...”, frases, que solo piensan y pronuncian las personas con una inteligencia rayando en la nada, propia de animales.
El padre desde su sepultura, la veía, ¿no hubiera sido más valioso para su hija, morirse él, el día que ella nació?, pensareis, es una barbaridad, ¿no?
¿Hubiera sido de otra manera? ¿Ella se hubiera enfrentado a la vida, con más inteligencia?, no lo sé. Lo que sí es cierto, es que he vivido mi vida, no todo me ha salido bien; pero coincidiréis conmigo, que la vida es eso, imperfección. Lo que si he tenido siempre es un gran respeto por su persona, por su espacio, amor a raudales; no he sido perfecto, tampoco lo he pretendido, la perfección me parece, de edificios, muebles, monumentos, pero no es real en la vida. Me parece más perfecto llevar una vida adelante, con los problemas cotidianos, aprovecharme al máximo de las pocas oportunidades que da la vida, y por supuesto si ponen en mi camino algún punto de apoyo, que encima es sangre de tu sangre y carne de tu carne, agarrarlo y no soltarlo.
Sé que este escrito, será uno más, pero la pena que embarga mi corazón, se me alivia por unos momentos. Dentro de unos minutos, dejaré de escribir. Para mí será un episodio más, la vida sigue. Para Amelia, opino, con todo el respeto, debiera ser un aviso. Paradójicamente Amelia, la vida, con la muerte, acaba de empezar.
Joaquin Vidal
Ahora que parece que el camino se termina, que el alma se arruga ante la vida, que un viento huracanado quiere arrasarlo todo, he cogido mi reproductor de CD, escuchando al maestro Elton Jhon. Quiero dejar volar mi imaginación y escribirle a una persona en Madrid, por la cual siento un especial cariño; .
Yo, la llamo “alma”, así es como la llamo a ella; mas adelante explicare porque.
La presiento caminando por la vida, vital, creativa, amiga de sus amigos,
-aunque sea un tópico-, tímida, muy tímida con una gran educación.
En su interior, una fuerza a prueba de bombas. A pesar de esto, me impresiona. A veces cuando la miro, todo su ser, todos los poros de su piel, piden un alma amiga, que se roce con la suya, que se estremezca cuando ella se estremece, que sonría cuando sonríe, que llore cuando llora, y lo más importante, que la quiera cuando ella quiere.
Al final todos buscamos lo mismo, aunque el granito endurezca nuestras facciones, creamos que la nieve nos rodea, que nadie se mueve en nuestro mundo, hay un viento invisible que, en su momento, nos trae todo lo que deseamos. Es una sensación. Cuantas veces he notado, que las palabras se agolpaban en su garganta, queriendo salir a borbotones. Tantas como las que ha guardado silencio.
Esta es solo la breve opinión de un viejo lobo estepario
Lo del alma, una mujer que tiene una espalda tan bella, ¿ no es porque su alma es su hermana gemela?.
Joaquín Vidal
Yo, la llamo “alma”, así es como la llamo a ella; mas adelante explicare porque.
La presiento caminando por la vida, vital, creativa, amiga de sus amigos,
-aunque sea un tópico-, tímida, muy tímida con una gran educación.
En su interior, una fuerza a prueba de bombas. A pesar de esto, me impresiona. A veces cuando la miro, todo su ser, todos los poros de su piel, piden un alma amiga, que se roce con la suya, que se estremezca cuando ella se estremece, que sonría cuando sonríe, que llore cuando llora, y lo más importante, que la quiera cuando ella quiere.
Al final todos buscamos lo mismo, aunque el granito endurezca nuestras facciones, creamos que la nieve nos rodea, que nadie se mueve en nuestro mundo, hay un viento invisible que, en su momento, nos trae todo lo que deseamos. Es una sensación. Cuantas veces he notado, que las palabras se agolpaban en su garganta, queriendo salir a borbotones. Tantas como las que ha guardado silencio.
Esta es solo la breve opinión de un viejo lobo estepario
Lo del alma, una mujer que tiene una espalda tan bella, ¿ no es porque su alma es su hermana gemela?.
Joaquín Vidal
Mi impresión
Siempre me ha impresionado pasear por la Sierra de Grazalema en Octubre, Noviembre. El otoño, se hace presente con toda su fuerza. Las hojas amarillas, festonean los arboles, dándole al atardecer una imagen, tan bella como irreal. Me gusta sentarme al pie de un gran árbol, sacar un trozo de queso y una hogaza de pan y cortarlo en pequeños trozos, acompañados de un buen trago de vino. Siempre en esos ratos pienso en silencio, remuevo mi memoria y recuerdo historias, cosas que me han contado y cosas que he visto y que a veces escribo.
En esos escritos, a veces, le doy vía libre a mi cerebro, otras a mi corazón; es cuando más a gusto me siento, también influye la persona a la que le escribes.
Hoy no es cumpleaños, ni el santo, ni es ninguna ocasión especial, solo, quiero escribir.
Le escribo a una “niña”, que conocí hace unos meses. Nos hemos visto poco, pero aún así he percibido su sensibilidad; sensibilidad, que no quiere mostrar al mundo. No la conozco profundamente, pero me imagino que la dureza de esta vida, la obliga. Presiento que su cuerpo esta lleno de jardines, ternura, terrazas, cielos, arroyos y dulces de chocolate, pero cuanto le cuesta mostrarlo. Es una situación muy común entre las personas. Yo siempre digo lo mismo; deja que todo eso que tienes dentro fluya hacia fuera, que todas las personas que hay a tu alrededor lo perciban. Me dirás que té quedas desarmada, que el sufrimiento empieza cuando entregas tu interior. Me pregunto ¿ realmente no es sufrimiento, lo contrario? ¿ No hay momentos en la vida, que has deseado que se mueran por tus huesillos y te has asombrado y llorado por la respuesta?.
Es solo mi percepción, la percepción de un hombre sentado a los pies de un árbol, comiendo un trozo de queso con pan, con un trago de vino.
Joaquín Vidal
En esos escritos, a veces, le doy vía libre a mi cerebro, otras a mi corazón; es cuando más a gusto me siento, también influye la persona a la que le escribes.
Hoy no es cumpleaños, ni el santo, ni es ninguna ocasión especial, solo, quiero escribir.
Le escribo a una “niña”, que conocí hace unos meses. Nos hemos visto poco, pero aún así he percibido su sensibilidad; sensibilidad, que no quiere mostrar al mundo. No la conozco profundamente, pero me imagino que la dureza de esta vida, la obliga. Presiento que su cuerpo esta lleno de jardines, ternura, terrazas, cielos, arroyos y dulces de chocolate, pero cuanto le cuesta mostrarlo. Es una situación muy común entre las personas. Yo siempre digo lo mismo; deja que todo eso que tienes dentro fluya hacia fuera, que todas las personas que hay a tu alrededor lo perciban. Me dirás que té quedas desarmada, que el sufrimiento empieza cuando entregas tu interior. Me pregunto ¿ realmente no es sufrimiento, lo contrario? ¿ No hay momentos en la vida, que has deseado que se mueran por tus huesillos y te has asombrado y llorado por la respuesta?.
Es solo mi percepción, la percepción de un hombre sentado a los pies de un árbol, comiendo un trozo de queso con pan, con un trago de vino.
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